Las filosofías orientales

Comparto sobre las filosofías orientales a propósito del próximo intensivo de introducción que doy en Mandiram Yoga y las sesiones de meditación Darshan de Coco Mat.

Me inicié en las filosofías orientales en mi temprana adolescencia, gracias a un padre que había escrito Textos de estética taoísta  y Oriente y Occidente, además de una madre que en sus años hippies llenó la casa de telas indias colgando por las paredes y alguna que otra tanka. Siguiendo sus consejos me puse a leer a Krishnamurti o Alan Watts a quien incluso conocieron en Sausalito.

Interior de El Vallejo la houseboat de Watts en 1969 – mi padre a derecha sostiene un vaso

Así conocí las bases del hinduismo, el vedanta, el taoísmo o el zen, que me llevó a leer también D.T. Suzuki.

Como tantos, entré en el budismo con Siddhartha de Herman Hesse, uno de los libros que sigo considerando imprescindible, a la vez que maravilloso. Poco a poco, fui aprendiendo hasta llegar a una etapa de la vida más rebelde, en la que Los vagabundos del Dharma de Kerouac se convirtió en mi libro favorito.

Primera edición de octubre 1959

Allí descubrí a Gary Snyder que en la novela aparece como Japhy Ryder y que acabaría inspirando, con su periplo Passage Through India, mi documental Rubbersoul, el viaje hippie a la India. Snyder supuso el descubrimiento de que lo aprendido no sirve de nada si no lo llevas a la práctica. De él me fascinó su vida, primero como guarda forestal en los bosques de Oregón, luego como poeta de la Generación Beat que se marchó diez años a Japón a aprender zen y finalmente, regresar para dedicar su vida a la poesía en formato breve como los haikus y escribir ensayos entorno a la naturaleza.

Su modelo y mi saturación vital ya con treinta años, cargando muchas responsabilidades y un montón de clases sobre mis espaldas, me llevaron a mi primer viaje a la India, rodando ese documental en el que pude entrevistar a gente como Raimón Panikkar o el experto en tantra Mark Dyckowski.

En mi primer viaje a India

Todo lo que escuché sembró conocimiento para el resto de mi vida, al tiempo que amplié lecturas con Joan Mascaró, la relectura de clásicos como la Bhagavad Gita, los Yoga Sutras  y el Tao Te King o nuevos descubrimientos como Alexandra David-Néel, Heinrich Zimmer, Alain Daniélou, Max Müller y sus libros sagrados de oriente, Chögyam Trungpa o los fantásticos escritos de Vivekananda entorno al yoga.

Primera edición 1953

Lo más importante de mi relación con las filosofías orientales fue descubrir que no eran algo lejano sino una valiosa herramienta para complementar los desajustes de nuestra sociedad industrial capitalista. Como me había enseñado el estudio y experiencia con la contracultura americana de los sesenta, de la cual mis padres fueron partícipes, no se trata de estar contra la cultura y lo establecido, sino de complementar, sanando o buscando mejoras para nuestra vida.

No soy de los que creo que debamos escapar a las cavernas o a la montaña, pese a que lo hago en muchas ocasiones para tomar aire y regresar, sino de los que abogan por neutralizar la neurosis que nos invade con los recursos que podamos encontrar.

Ser feliz con muy poco.

Ahí es donde las filosofías orientales pueden tener un papel clave.

No es fácil resumir su esencia pero se puede condensar, al menos desde mi experiencia, desde la trascendencia del budismo, el hinduismo, el taoísmo y el zen.

La gran lección del Buda es ir a dentro, mirar al interior, dejar de mirar hacia fuera cuando lo que buscamos está en nuestro interior. El budismo tiene el añadido de no ser necesaria una religión sino una filosofía del individuo que medita y conecta con una esfera diferente a la mente racional que nos domina. La vida es sufrimiento debido a una mente ordinaria, no pura como era cuando nacimos, que guiada por el ego nos lleva al sufrimiento mediante el apego y el sufrimiento.

Por tanto al igual que sugiere el zen, la derivación japonesa del budismo, hay que soltar, desprenderse, aprender a vivir en la austeridad de la vacuidad. El zen, así mismo tiene una importante conexión con la trascendencia de la naturaleza, al igual que el taoísmo chino  del que se nutre y cuyo elemento central se basa en escuchar las armonías de ella. Para el zen, la naturaleza en su estado puro muestra como templar la mente, aprendiendo a conectar con su vibración.

Interior templo Kioto

La palabra zen viene del chino ch’an y a su vez de la palabra sánscrita dhyana que significa la contemplación que nos lleva a un mayor estado de conciencia. Ella es la atención plena del mindfulness surgido del vipassana del budismo hinayana del sureste asiático, en una demostración de que todas las filosofías o religiones de oriente se tocan. La raíz común es del hinduismo en el que se originan casi todas. Aquí el gran aprendizaje es que dios está dentro de nosotros, a la vez que fuera. En nuestro interior anida esa chispa o pequeña llama de un fuego universal que nos envuelve. El Uno o el Atman está entos (dentro) y también fuera de nosotros, estableciendo una relación recíproca. Así mismo el hinduismo aniquila la polaridad de los dualismos o la dialéctica, al tiempo que establece un panteón con múltiples dioses, ajeno al monoteísmo de las grandes religiones.

Varanasi sobre el sagrado Ganges

El hinduismo nos habla de la reencarnación y de la ley del karma como causa y efecto que nos invita a prestar atención a nuestras acciones como condicionante de lo que vendrá o como purgas y condenas por maldades de antaño. Y la noción del dharma, eso que para mí es tan importante, entendido como el propósito vital con el que debes contactar para encontrar la dicha en esta vida. La concepción del tiempo, inmensa, en el hinduismo también nos lleva a aspectos clave como trascender el miedo a la muerte o la impermanencia. Somos pequeñas hormigas desfilando ante Indra como narra el cuento que Ananda Coomaraswamy cita en El tiempo y la eternidad.  

Todo esto y algo más, es lo que explicaré en estos próximos encuentros y que también recoge parcialmente, mi libro Darshan.

Intensivo teoría y práctica de meditación ofrecido hace unos meses y que se repetirá durante esta temporada.

Las filosofías orientales son un manantial de sabiduría inagotable. Poner en práctica sus enseñanzas es algo que tenemos al alcance. Os invito a todos a sumergiros en ellas.

Todos los martes de 18.30 a 20h en la tienda Coco Mat
Balmes 229-231

Alexis Racionero Ragué

PD Los libros y fotos son de mi colección particular.

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