La Chana, el allí, el silencio o el darshan

Estuve en el Congreso Ser Felicidad organizado por la Cadena Ser y tuve el privilegio de conocer a La Chana cuando tan siquiera he visto su documental.
Primero sobre el escenario del teatro del Títere (Cádiz) donde compartía mesa redonda con Miguel Ángel Vargas, Mari Paz Peña y Antonio El Pipa. Hablaban del mundo gitano: mito y geografía del cuerpo.

Salieron y La Chana se sentó arrimada al Pipa, que la cogía de la mano, cuidándola y llamándola tía todo el rato (ese es el mote respetuoso que los gitanos tienen hacia las personas mayores). La Chana estaba triste, emocionada, profunda. Renegando de todas las penurias que había pasado, de apenas poder bailar y con la emoción de todo este reconocimiento tardío que le llegaba.

Fue precioso ver como El Pipa, la tocaba, la consolaba y la animaba a hablar de la felicidad. Cariño corporal y arrumacos que muchos de nosotros tan reprimidamente educados hemos casi olvidado. Pronto se habló del orgullo gitano, de la raza, de los tiempos difíciles, de la miseria, el racismo sufrido y también, del misterio de su procedencia. La Chana llegó a citar cierto estudio científico que los hermana con el pueblo de Israel, algo cuestionable… Lo que resulta evidente es que los gitanos vienen de todas partes, como pueblo nómada ancestral que está conectado con las fuentes más primitivas del saber.
Vienen de la India, de Egipto, de los zíngaros búlgaros y rumanos, hasta llegar a Andalucía, mezclándose evidentemente con el pueblo árabe.

En un momento de la conversación, La Chana hizo el silencio y se puso a hablar en la auténtica lengua gitana, hoy casi perdida. Una forma de rumano antiguo. No pudimos entender lo que decía pero se me puso la piel de gallina, por la trascendencia y la forma cómo lo decía. ¡Qué magnetismo y presencia! Bella melancolía el de las lenguas perdidas.

Llegó la noche y en el cóctel posterior a la mesa sobre el humor del gran Wyoming, Santiago Segura y Yolanda Ramos, pese haber tenido el privilegio de comer con la bella Aitana Sánchez Gijón y Ayanta Barilli, me fui a hablar con la Chana que estaba sola junto a su silencioso y entrañable marido. Me acompañaron Gabriel Garcia Noblejas y Patrícia Soley-Beltran que había moderado en la mesa de la Chana. Nos habló de Dios, de su devota fe cristiana, de lo duro que fue retirarse de los escenarios con 33 años. Pregunté si había sido un accidente y me respondió que fue un accidente de amor. Un hombre con quien se casó. La amenazó de muerte con que no volviera a los escenarios y la Chana obedeció. Así estuvo hasta que él se fue, cuarenta años después. Le pregunté cómo lo echó. Respondió que rezando a Dios todos los días, pidiéndole que él se fuera. Algo increíble, en estos tiempos de violencia de género, o para las postrimerías del siglo XX cuando el feminismo avanzó gracias, entre otras a gente como Lidia Falcón o mi madre María José Ragué que además de militante, publicó libros como Hablan las women’s Lib o Proceso a la familia española.

Pero lo que más me impactó de la Chana no fue sólo eso. En la conversación nos pusimos a hablar de su arte, de la inspiración y se produjo una conexión mágica.

Recientemente, publiqué mi libro Darshan, sabiduría oriental para la vida cotidiana. En él el concepto de darshan hace referencia a la intuición, a lo que recibimos sin mediación de la razón, cuando conectamos con lo sutil, con las otras dimensiones que nos rodean.

La Chana soltó “aprendí a bailar con apenas siete años, mi tío me empujó al escenario. Yo salí, sin saber nada y entonces algo sucedió, sentí algo superior que me decía como hacerlo, algo que yo llamo el allí, paré, lo sentí y me puse a bailar”. Le respondí “es el silencio que te conecta” y entonces La Chana me dijo que le diera un beso, espetando “¿cómo lo has sabido?” a lo que humildemente le dije “porque a veces también me conecto con ese lugar, al menos ese es también mi camino”.

Lo supe porque eso, su allí, es el darshan y porque es con ese Uno sagrado y universal, con el que buscamos conectar todos los que practicamos o enseñamos yoga. Esa es a la frecuencia a la que queremos llegar, las puertas a otras dimensiones que queremos abrir, a ese lugar que La Chana llega cuando baila.

Si uno ve este vídeo en el que la Chana baila ante Peter Sellers (The Bobo, Robert Parrish, 1967), se te ponen los pelos de punta (gracias Patrícia por indicarme) y gracias Chana por tu grandeza. No importa la cultura sino la sabiduría y el pueblo gitano tiene el privilegio de no haber perdido las raíces con la dimensión corporal y espiritual que los urbanítas contemporáneos tenemos atrofiados.

Tengo claro que la ancestral sabiduría del yoga hindú y el flamenco gitano, al igual que los derviches sufís tienen mucho que ver con el yoga.

Desde la lectura de Kandinsky y su De lo espiritual en el arte sabía de ello, al igual que Pollock o incluso Van Gogh pintaban desde la espontaneidad, casi poseídos, pero escucharlo de ti, Chana y de esa manera fue muy especial.

Al día siguiente, pude desayunar con el Pipa y hablar de todo esto. Compartimos elogios y complicidades. Cada uno debe buscar la felicidad en compartir su don con los demás, buscando hacer de este mundo un lugar mejor para todos. Ellos lo hacen con su arte, sin duda.

La Chana no sólo es un referente del baile flamenco sino para todas las mujeres que han tenido avatares y duras pruebas en la vida. Como los gitanos, guardemos respeto por todos los mayores porque tienen mucho que enseñar.

Al despedirme de ella, La Chana estaba feliz, había salido en la contra de El País del domingo (29 de abril 2018). Me dijo “hijo, sabes hacer una foto?” Me pasó su móvil e hice la foto “pero que salga todo, con la fecha y hasta el final” Envié la foto a un primer contacto y luego me dijo “gracias ahora ya lo sé compartir”.
Desde aquí os querido compartir un encuentro que no olvidaré.

Dedico este post a María de La Cueva, fan de La Chana, madre de un gran amigo y mujer valiente en la vida.

Alexis Racionero Ragué

PD Olvidé pedir una foto con La Chana porque su carisma trascendió la mitomanía.

(La foto de cabecera es la misma que publicó El País en su artículo del domingo, hecha por B.P.)

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