El virus como nuevo umbral

Disfruto del confinamiento acabando mi nuevo libro sobre El viaje del héroe (mitología, cine y transformación personal). A estas alturas creo que pocos dudan de que este ser diminuto llamado Covid 19, nos aboca a un nuevo paradigma o al menos, invita a un nuevo escenario. El virus establece un umbral, una puerta a lo desconocido.

En términos del viaje del héroe propuesto por Joseph Campbell, lo que viene después del umbral es el vientre de la ballena o primera muerte simbólica del individuo. Ahí somos absorbidos por las fuerzas del inconsciente para renacer transformados en alguien que conoce el reino de las profundidades. El lugar donde habitan el miedo y los terrores más ancestrales.

El virus nos confronta con la muerte propia y de seres queridos. Deviene pandemia global poniendo a prueba la conciencia y la paranoia. Nos reta con pruebas a cada uno, siendo héroes o heroínas de nuestras propias vidas,  llevándonos fuera de nuestro hábitat natural de hacer, trabajar, salir y no parar.

En la nueva situación debemos parar, dejar de hacer, ganar menos y planificar menos. Dado que vivimos en polarizados en los extremos, buscamos continuamente separar lo bueno de lo malo, queriendo filtrar, decidir y optimizar… Cuando todo esto va de integrar y aceptar lo que acontece.

Algo debíamos estar haciendo mal cuando en poco tiempo hemos vivido catástrofes naturales, huelgas, convulsiones sociales, casos de corrupción y finalmente, este virus al que los humanos sucumbimos y los animales son inmunes.

dos árboles – raíces ancestrales – que me alumbran

Me vienen las palabras del gran jefe indio de Seatlle, cuando en 1855 respondió al presidente de EEUU con un texto llamado Nosotros somos una parte de la Tierra.

“Mis palabras son como las estrellas, nunca se extinguen. Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo, cada brillante aguja de un abeto, cada playa de arena, cada niebla en el oscuro bosque, cada claro de bosque, cada insecto que zumba es sagrado, para le pensar y el sentir de mi pueblo.
La savia que sube por los árboles trae el recuerdo del Piel Roja. Los muertos de los blancos olvidan la Tierra en que nacieron cuando desaparecen para vagar por las estrellas… Nosotros somos una parte de la Tierra, y ella es una parte de nosotros. Las olorosas flores son nuestras hermanas, el ciervo, el caballo, la gran águila, son nuestros hermanos. Las rocosas altura, las suaves praderas, el cuerpo ardoroso del potro y del hombre, todos pertenecen a la misma familia.”

Sabiduría perenne que integra el chamanismo con la unión del hinduismo vedanta o el tantra y el sentido de la vibración natural del Tao.

Parece que nos hemos olvidado de vivir, enamorados de Molloch, la aldea global, Matrix y los mundos virtuales. Encerrados, queremos reinventar o expandir nuestros múltiples avatares, cuando lo que deberíamos es aprovechar para interiorizar como el Buda.

Sin pensar tanto, sin hacer demasiado, simplemente siendo, estando con nosotros y nuestros seres queridos, viviendo la realidad, con ese privilegio de poder volver a leer libros, ver películas, escuchar música, pintar, escribir, cocinar, restaurar muebles o simplemente, no haciendo nada. Desacelerar, soltar y dejar ir. Let go.

Los ciclos de la vida deberían ser como los de la naturaleza, tal y como nos enseña la película Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera (Kim Ki Duk, 2003). Para que llegue una nueva primavera y podamos renacer, hay que vivir antes un otoño en el que soltar lastre, como los árboles dejan volar las hojas. Así llegará el invierno del no hacer, en el que integrar, observando en esa condición que el maestro Krishnamurti llama choiceless awareness.

Este virus es un umbral a un lugar desconocido, una aventura que nos invita a vivir en el invierno antes de volver a renacer por primavera. Confinados podemos recuperar hábitos saludables que perdimos, desacelerar y hacer menos. En el encierro podemos conectar cuerpo, mente y alma de una forma que la cotidianeidad de la razón nos reprime.

Lo que venga después, será. No importa…

Be, here, now, está en el aquí y el ahora, disfrutando de cada momento para ser feliz y vivir en plenitud.

La epidemia nos afecta a todos. Por eso es bueno despertar la compasión, meditar y tener la mirada puesta en quienes lo están pasando mal, quienes transitan la enfermedad, los que se van y todos los que ayudan.

Puesta de sol en Luang Prabang donde había viajado por primera vez con mi padre.

Una semana antes de la expansión del coronavirus, perdí a un padre. Sentí un vacío  de expansión y la satisfacción de haber estado. Después de la muerte quise celebrar la vida y ahora siento todo este tiempo de tránsito como una oportunidad para integrar lo vivido y aprendido.

Los libros son una forma de compartir todo eso, de forma que las personas y sus ideas nunca mueran, para que los que venimos después podamos reinterpretar, aportar e innovar. Todo se va y todo regresa.  

Pienso que es el tiempo de seguir aprendiendo y compartiendo conocimientos y experiencia para que todos podamos vivir más plenamente o al menos, más conectados con nuestra llamada de la aventura. Esa es la naturaleza el héroe.

En estos momentos, todos tenemos la oportunidad de ser protagonistas de nuestras épicas, escribiendo las líneas más conscientes de nuestras vidas.

Cuando esto pase, habremos transitado el umbral y podremos establecer nuevas rutinas, costumbres o incluso, paradigmas. La cuestión es avanzar, soltar lo viejo, aceptar lo que viene y seguir en el camino.

Como Campbell en esa bella con la que acababa mi anterior libro Darshan:

“Todos los héroes han recorrido el sendero, el camino es conocido, hay que seguir la huella del héroe. Dónde pensamos encontrar un monstruo, encontraremos un dios, donde pensamos en matar a otro, nos mataremos a nosotros mismos, donde habíamos pensado viajar al exterior, llegaremos al centro de nuestra existencia, y dónde habíamos creído estar solos, estaremos con todo el mundo. “

Este escrito está publicado y fue redactado para Letras Kairós, puedes ver la entrada clicando aquí.

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