Las tierras de Escocia

Escocia fue el destino final del primer gran viaje de mi vida, aquel inter rail que tantos hicimos cuando teníamos apenas veinte años. A lo largo de un mes podías viajar en todos los trenes europeos y siendo uno mediterráneo, crecido bajo la influencia de la música anglosajona y el cine de Hollywood, mis referentes de aquel entonces podían ser los Dire Straits o los Simple Minds, ambos scottish, por no hablar del gran Rod Stewart y películas como Highlanders (Los inmortales, Mulcahy,88) o Local Hero  (Forsyth, 83).

Así a finales del verano de 1990 descubrí las tierras de Escocia a bordo de un tren que tras conocer la bella Edimburgo y la industrial Glasgow, me llevó hasta Fort William, pasando por Dumbarton y cruzando el Loch Lommond de punta a punta, para meterse en un estrecho desfiladero desde Crianlarich que muere en los moors de Rannoch.El itinerario ofrecía ese mar verde de colinas ondulantes, una sucesión de lagos envueltos en misteriosas brumas y la épica de las montañas de las Highlands.

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Al día siguiente me subí al Ben Nevis, la montaña más alta de Inglaterra, ascensión que se hace en apenas cinco horas, por una pista ágilmente transitada por esos ancianitos británicos, herederos de los hobbits, que se suben por todas partes. La cima está a apenas 1.343 metros pero se asciende desde el nivel del mar y la visión desde la cumbre recuerda pasajes de los Inmortales con el inmenso stochman Sean Connery ilustrando a Christopher Lambert cual caballero jedi.

Recomiendo subir al Ben Nevis, no tanto por la mitomanía fílmica sino para sentir eso que la mayoría de viajeros pedimos a las tierras de Escocia : naturaleza remota, bellas montañas entre un mar de lagos, parajes frondosos que pueden evocar la Comarca de Tolkien y sus criaturas o cualquiera de los cuentos de la infancia.

Escocia es dura, bella, solitaria, poco transitada y poblada en comparación con la vecina Inglaterra. Su carácter diferencial no sólo está en el orgullo y mayor simpatía de sus gentes sino en una geografía más montañosa y castigada por los vientos que la patria de la reina madre.

También es tierra de grandes escritores como R.L. Stevenson (La isla del tesoro / Dr. Jeckyll & Mr. Hyde), Walter Scott (Ivanhoe, Rob Roy, El talismán) o Conan Doyle (el padre de Sherlock Holmes). En sus castillos habitan fantasmas y viejas leyendas ancestrales.

La característica turba húmeda de la cuenca de sus ríos es la esencia de esa agua de vida que tantos bebemos, llamada whisky. La ruta de sus castillos y destilerías son dos de los posibles viajes a Escocia (que trataré en futuros posts) pero aquí recomendaré una ruta para el que pise por primera vez las tierras que el emperador Adriano quiso separar del mundo civilizado, con ese muro que hoy en día sigue inspirando sagas como la de Juego de tronos.

Hay lugares de culto como el lago Ness, la isla de Sky o el  entorno del famosísimo castillo de Elean Donen pero mi consejo es alquilar un coche y perderse por sus carreteras secundarias que se dirigen al norte, en busca del corazón de las Highlands.

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Mi carretera es A93 que desde Perth, cruza los desolados parajes de los montes Grampians con sus laderas de brezo morado, bajo finas tormentas de lluvia que van calando los cristales mientras uno piensa en dar un buen trago de whisky para calentarse el cuerpo. Aquí se han perdido desde tiempos remotos, héroes hitchckoquianos como el de Los 39 escalones o la actualizada versión de James Bond (Skyfall, Mendes 2013).

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Desde Braemar, localidad con un bonito castillo, la carretera vira al este, siguiendo el curso del río Dee, pasando por la aristocrática zona del castillo de Balmoral, y el auténtico y diminuto pueblo de Ballater donde recomiendo hacer noche. Al día siguiente, antes de llegar a Aberdeen se pasa por Banchory donde se puede abandonar la carretera que conduce a la urbanita Aberdeen para finalizar en Stonehaven,  en cuya costa está el castillo de Dunnottar una de las ruinas más potentes del país escocés.

Los más aventureros tienen otra opción más remota y desolada pero no menos fascinante que parte de Inverness y sigue toda la costa este  hasta el extremo norte de la isla hasta Thurso donde tomar el ferry hasta las islas Orkney donde aguardan restos vikingos y misteriosos asentamientos prehistóricos que nada tienen que envidiar a Stonehenge. La carretera es la A9 y puede cubrirse la distancia en un día pero hay que llevar el depósito lleno de gasolina y calcular que el ferry hasta la Orcadas dura unas tres horas.

Las tierras de Escocia, son algo excepcional para el viajero que va en  busca de perderse por una naturaleza verde, melancólica y no siempre soleada. Hay que estar dispuesto a sufrir el azote de los vientos, la lluvia y disfrutar de la soledad de las Highlands. Pero, no es eso lo que vamos a buscar?

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Sé que hoy en esta aldea global y debido al impacto de la versión cine de El señor de los anillos, muchos viajeros que quieren encontrar esto se van a Nueva Zelanda pero no todos podemos o queremos llegar hasta las antípodas.

Quedan pendientes los posts sobre la ruta del whisky y la de los castillos, así como un comentario sobre su arraigado sentimiento de identidad nacional y proceso por la independencia.

Mientras espero que estos consejos despierten vuestras ansias de vagar y os animéis a perderos las las bellas tierras escocesas, uno de los lugares que más quiero en el mundo.

Texto y fotografía : Alexis Racionero Ragué

Nota : Las fotos tienen poco contraste porque son viejas fotos analógicas en papel que han sido escaneadas.

 

Mi paraíso en Indonesia

¿Habéis estado alguna vez en el paraíso? Yo sí, se llama Karimunjawa y es un archipiélago, compuesto de 27 islas, situado al noreste de la isla de Java (Java Central).

Yo he conocido dos Karimunjawa, los primeros tres días fueron un “paraíso previsible” con un pack organizado, desde que planeamos el viaje a Indonesia y por supuesto repasamos los top ten de la Lonely, este pequeño archipiélago me había estado llamando, tratamos de organizar el viaje por nuestra cuenta a través de algún conductor y preguntando, pero no parecía fácil, así que finalmente encontramos una única agencia en Yogyakarta que organizaba un pack de tres días.

Perfecto, iríamos a las islas y luego a ver volcanes antes de dirigirnos a Bali. Ya en la agencia nos avisaron que en algunas ocasiones había problemas con los barcos, especialmente con el fast boat, aunque le dieron poca importancia.

Nuestra aventura empezó en un autobús de madrugada y llegamos a Karimunjawa por la tarde, los tres días siguientes fueron unas vacaciones paradisiacas al uso: las playas más espectaculares que he visto en mi vida, snorkel, comida deliciosa, puestas de sol increibles….

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Uno sabe que está en un lugar especial de esos que quedan pocos en el mundo, playas paradisiacas, que son según una amiga: un pedacito de tierra rodeado de mar , sin homestay (máximo un warung con gallinas) rodeado de agua tranparente azul cobalto y con palmeras con la inclinación y la sombra perfecta, arena de blanca finísima y conchas y animalitos varios…..

Eso es Karimunjawa una sucesión de espacios en los que uno sabe que se perdería toda la vida.

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La isla tiene un ritmo distinto, solo hay electricidad a partir de las 6 de la tarde (antes está el sol, no?), hay pocos resorts de lujo y están alejados de la calle principal que está compuesta por hostels con turismo básicamente local.

Y la que tenía que ser nuestra última noche apareció una frase que iba a cambiar totalmente nuestra aventura en la isla: “tomorrow no boat“.

A partir de ahí la única información que teníamos era un clásico “maybe tomorrow”, y pasamos de tener todo el día organizado paradisiaco a enfrentarnos a las islas sin saber cuándo saldríamos de allí…

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Estábamos en el paraíso “a pelo”

Y empezó otro viaje, las verdaderas vacaciones aquellas en las que dejas de tener planes organizados y te enfrentas al sitio en el que estas de verdad.

De repente todas las conversaciones giraban alrededor del boat, aviones perdidos, excursiones anuladas, reorganización de rutas y ninguna certeza sobre cuándo saldríamos de allí, estábamos “atrapadas en el paraiso”.

Personalmente decidí descubrir la isla: unas pocas calles en las que las familias estaban todo el día sentados en los porches exteriores, los niños en el colegio queriéndose hacer fotos, el puerto como centro de la vida: recuerdo un bote que llego con ladrillos y como los descargaban casi manualmente un grupo de hombres.

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Y tras un paseo de una hora andando en la que las escenas de las casa, las gallinas, los niños y las omnipresentes antenas parabólicas la playa, una que reunía todas las características de paradisiaca y que además tenía un bungalow en el agua.

Para mí, un momento único fue el día en el que terminé un libro de Sándor Marai allí, en silencio y viendo el mar.

En la última jornada en la isla, el pueblo se rebeló.

El nivel de paciencia de todo el mundo estaba llegando al límite, turistas agobiados por no poder cumplir su itinerario, turistas locales que decían que si no llegaban perderían sus trabajos e isleños que necesitaban llegar a Jepara…

Y nos fuimos en procesión a ver al guardacostas para pedirle que por favor autorizase la salida de barcos. En  la oficina al puerto, nos habían comentado la opción de hacer una colecta para conseguir sobornar a las autoridades locales, que se mostraron inflexibles: “maybe tomorrow”.

And tomorrow was, al día siguiente cogimos el barco y tras 24 horas llegamos a Ubud, a descubrir Bali, eso se merece otro post!

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Como dice Montse Carreño, la artistaza que ha creado nuestro libro de viajes “los paraísos que nos hicieron creer no existen, y los de verdad son ignotos, peligrosos e incómodos.”

Yo estoy deseando perderme en otro paraíso de verdad…….. Ya os lo contaré!

Texto y Fotografía : Noemí Blanch

 

 

 

 

Trekking de los Annapurnas

Teo Tarras es un fotógrafo creativo e ilustrador  excepcional que ha trabajado para Grey Group. Universal Prints, Henzo, Montblanc, Bayer, Diesel o Lacoste. Le gusta fotografiar ciudades (NY) en blanco y negro pero como vereis, cuando toca el color parece que pinte las imágenes.

Para mí es un honor tenerle como colaborador en ansias de vagar. No me extiendo en su presentación y  os invito a visitar su galeria de fotos y a contemplar las imágenes que nos deja de su trekking por los Annapurnas, acompañadas de una breve descripción.

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Empezaré diciendo que viajar a Nepal es como darse una ducha de la que sales empapado de espiritualidad, no importa que seas creyente o agnóstico porque el budismo es más una filosofía de vida que una religión…

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Viajar a Nepal te costará algo de dinero pero el viaje a tu interior sale gratis…

En mi caso no sólo me llevé esa espiritualidad, también me llevé unas increíbles imágenes grabadas en la tarjeta de memoria de mi cámara y también grabadas en aquel lugar interior donde se guardan los mejores recuerdos.

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Soy realista, fue un trekking duro pero todos los males se disipaban cuando veías las miradas y la hospitalidad de aquellas gentes que no teniendo nada, te lo dan todo.

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Todas las situaciones, paisajes, rostros, se postraban ante mí para hacer las mejores fotos…

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Fue un festival de imágenes donde yo podía escoger las más sugerente o la más poética o la más colorista, en fin… un manjar para cualquier fotógrafo.

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Teo Tarras

http://www.teotarrasgallery.com/

Datos prácticos : El trekking de los Annapurnas discurre entre los valles de los ríos Gandaki y Marshyangdi, entre montañas que rondan los ocho mil metros. El itinerario puede durar entre 14 y 25 días y la etapa más dura es el ascenso al paso de Thorong La (5.416m) que une ambos valles. Uno de los intereses del trekking es dormir en pequeñas poblaciones nepalís donde la vida transcurre como hace más de cien años, aunque las nuevas carreteras pueden modificar sus costumbres. El territorio colinda con el Tibet y el reino de Mustang, así que es una buena oportunidad para conocer estas culturas. Los paisajes son espectaculares pero hay que estar medianamente entrenado y estar dispuerto a mantener unas 7 horas de marcha diaria. La duración total del trekking depende de si toma Pokhara como punto de origen y final o se recorta saliendo desde Beisahar para acabar en Birethani. También existe la opción de realizar solamente, partes del recorrido.

Es uno de los trekkings más recomendados de los Himalayas por presentar interes cultural y paisajístico, pasando de zonas selvaticas a territorios desolados a más de cuatro mil metros, donde sólo transitan los yaks, entre lagos suspendidos, aguas termales, cascadas y cielos imponentes.

Hay que preveer unos días de aclimatación para paliar el mal de altura y protegerse contra el sol.

Para más información podeis visitar

mundo nómada

http://www.mundo-nomada.com/uncategorized/trekking-en-nepal-el-circuito-del-annapurna

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El Taj Mahal

No hay forma de describir el Taj Mahal con palabras. La primera impresión es de algo mágico, no terrenal, de una arquitectura que levita suspendida en el aire como una nube resplandeciente, envolviendo su gran cúpula de vibración contenida.

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El conjunto es la máxima expresión de la simetría y la armonía. Cuatro cúpulas anexas, cuatro minaretes, cuatro grandes arcos laterales, cuatro puertas al recinto…Todo se relaciona con el eje, con el punto de vista central desde que el se ordenan fuentes y jardines, cúpulas y templos adyacentes. Desde cualquier lugar, todas las miradas convergen en su majestática cúpula de estilo mogol, herencia de aquellos persas que en el siglo XVI invadieron la India.

La imagen del Taj Mahal es la de otro tiempo, de las mil y una noches, el paraíso de los románticos y la declaración de amor de un hombre a su esposa muerta. No importa si fue el maraharajá Shah Jahan u otro, si su amada murió dando a luz a su catorceavo vástago. No es preciso escuchar a los guías, ni saberse la historia, tan sólo contemplar en silencio su maravillosa presencia durante el tiempo que uno quiera.

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Tampoco es preciso competir con cuántos lo han fotografiado. Está claro que todos queremos hacer su foto, tomar ese ángulo no visto o reproducir la imagen o postal que tanto hemos visto. Una vez hecha esa foto, aunque sean dos cientas, no hay que abandonar el lugar hasta haber contemplado el Taj Mahal con vuestros propios ojos  durante al menos diez minutos porque esa es la imagen que va grabarse en la retina. Ese es el mejor recuerdo, la emoción plástica que pulsa nuestros sentidos y espíritu, recordándonos la esencia de una obra de arte.

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Los arquitectos del Taj Mahal fueron Ustad Isa e Isa Muhammad Effendi, dos discípulos del gran arquitecto otomano Koca Mimar Sinan Agha, aunque su pieza principal, la gran cúpula fue diseñada por Ismail Khan. Se tardaron veinte años en construirlo con piedras preciosas procedentes de todos los lugares del mundo. Lapizlázuli de Afganistán, jade de China y grandes cantidades de mármol blanco procedente de Rajastán. Para ello se emplearon mil elefantes y unos veintemil esclavos.   Fue una obra faraónica que debía tener su continuación al otro lado del río  Yamuna, con el Taj Negro pero el hijo del emperador musulmán, usurpó el trono e impidió que su padre llevara a cabo su locura de amor. Lo encerró en el Fuerte de Agra y a su muerte lo enterró junto a su esposa, rompiendo la perfecta simetría del conjunto.

Si se quiere seguir el rastro de la arquitectura mogola recomiendo visitar la tumba de chini Ka Rauza, el único mausoleo de estilo puramente persa  de toda la India, dado que la mayoría presentan elementos hindús o de otras procedencias. El edificio está en bastante mal estado y la porcelana que decora el exterior se ha desconchado pero el interior presenta unas pinturas murales increíbles.

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Así mismo en Delhi no hay que perderse los mausoleos de Safdarjang y el de Humayún. El primero en estado decadente y con parejas que se besan en sus jardines al atardecer. El de Humayún es una de las pocas maravillas de la gran metrópoli india que fue restaurado recientemente.

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Tuve la suerte de dejar el Taj Mahal para el final, una vez había visto estos edificios en Delhi y otras muestras de esta arquitectura por el Kashmir. Durante mis primeras visitas a la India me negué a visitar Agra por ser un gran reclamo turístico. Ahora, pido perdón por haber despreciado la visita al Taj Mahal, por pensar que como maravilla del mundo eran sólo manadas de turistas lo que iba a encontrar.  Pensé que las expectativas iban a neutralizar mi admiración. Me equivoqué… No hay nada que impida emocionarse con la visión del Taj Mahal, el que en mi opinión es el más bello exterior arquitectónico de cuantos he visto.

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Sus constructores fueron genios pero occidente sólo se acuerda de los suyos. Persas y otomanos fueron los más grandes arquitectos que aprendieron del Panteón romano para erigir esa maravilla bizantina que es Santa Sofía. Esas esbeltas cúpulas sostenidas en el cielo son el origen del Taj Mahal, todas ellas cumbres arquitectónicas que empequeñecen cúpulas como la de Brunelleschi.

No dejéis de visitar y revisitar el Taj Mahal. Las colas, los trenes, las carreteras o autopistas indias, el calor… No hay obstáculo que deba retener al viajero.

Hay que pasar por el tubo, pagar, admirar y claudicar ante una maravilla del mundo que merece un viaje por si misma.

Texto y Fotografía : Alexis Racionero Ragué

Notas prácticas : El Taj Mahal se encuentra en Agra (Uttar Pradesh). Se acaba de construir una autopista que une esta localidad con Nueva Delhi en apenas 3 horas. La entrada al Taj no llega a 1000 rupias pero hay que calcular este importe, dado que es preciso tomar un rickshaw para llegar hasta él si no se quiere caminar dos kilómetros. Para impedir que la polución lo embrutezca se ha prohibido el tráfico rodado a dos kilómetros a la redonda.

Dos poemas de Bodhi Hamsa

La vida secreta (India Thud) (Fragmento)

El que procazmente buscaba aquella noche su dipsomanía como un diletante o como un genio le explicó al camarero que le habían avisado de su despido ese mismo mediodía, mientras leía un poema de Joseph Brodsky. Había decidido escoger una taberna, cercana a su casa, donde se pasaría los días y las noches hasta que cerrase, bebiendo y viajando a través de la mente,con la mirada en los libros o en las botellas de colores, por universos ignotos. Ora en Khajuraho, ora en Goa, ora en Dehli, ora en Madurai, en Tamil Nadu, donde las chicas iban preciosamente acicaladas con saris de colores y brazaletes de oro. En Mathura unos monos intentaron cogerle un poco de comida que llevaba en las manos, y un buey sentado desde hacía décadas, tal vez milenios, se dejó acariciar. En un palacio practicó el kamasutra con una princesa hindú a la que había conocido en una velada la noche anterior: dedicó el día entero a ser un hombre distinguido –culto y encontrado consigo mismo- y a preparar la atmósfera del lugar; por la mañana habló con sus periquitos y cotorras, luego dibujó y escribió versos, por la tarde pasó un buen rato riendo con los amigos… por último, en una habitación iluminada con velas, ventilada por la suave brisa pero manteniendo parte de la fragancia del perfume de las flores, y en una gran cama con suficientes almohadones, hizo, hablando con propiedad, el amor.

Al día siguiente, lo hizo con otra, con su piel única, con sus gemidos distintivos, con su mundo interior. Y dentro de poco, lo haría con unas diez chicas a la vez. Luego salió. Estaba en una zona al norte del subcontinente. Las cúpulas de las mezquitas caían y debajo había torres como las de muchos templos del Sur. Shivà, o tal vez Vishnú, despertaban dando un golpe.

El camarero le despertó. El borracho le habló sobre hinduismo. Con las últimas lecturas, como “La civilización de la India”, de Will Durant, y habiendo visto a lo largo del último mes la serie de documentales de la BBC presentados por el historiador Michael Wood “The Story of India”, se sentía realmente enamorado de esa cultura. Había leído la Gita y los Puranas y muchos de los Upanishads e!n los últimos años.

El borracho le habló de su mujer. -“Hace años que le pregunto: “¿tú sabes lo que es la sicalipsis?” y ella me responde siempre que no.

Sicalipsis, en caso de que no lo sepa, es la picardía erótica y sexual, el instinto sensual juguetón y avispado de los adolescentes, del que ella carece y que no valora, por no decir que desprecia, en mí. Si no conocía la palabra no se preocupe, a usted no se lo pregunto periódicamente y tampoco es una palabra que se utilice con demasiada frecuencia. Pero a ella sí se lo pregunto con frecuencia, por lo que debería despertar su curiosidad.

La muy ignara aún no ha mirado en un diccionario, probablemente porque no lo ha hecho nunca. Y nunca lo hará. Pero yo, por si acaso, lo intento.

Y aunque haya empezado por allí, no es un problema de que no sea culta o inteligente, si no un problema de dimensión interior. Con algunas personas sencillamente no hay forma. Es un desastre, una porquería de lo más corriente, y sin embargo la quiero. ¡Ella es mediocre, pero sé que puede ser tanto más!

O tal vez ya no cambiará, y no hay nada que hacer. No hay fagocitosis. No fagocita. Está rota. Yo intento inspirarla con lecturas y cuentos sobre Kama, por ejemplo, el dios hindú de la sexualidad. Pero milenios de asolamiento y de plantaciones de yermo en la oscuridad han moldeado su alma.

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Quisiera quebrantar su fachada, pero me temo que refleja el interior: su imaginación ramplona, tan conservadora. ¡Está bien domesticada y esterilizada para la sociedad, para este sistema de usura y crematística que nos aniquila el alma!

Los dioses hindúes son arquetipos, símbolos de conductas, de sentimientos, de propensiones ancestrales enraizadas en el código genético de los seres, son bellas alegorías del cosmos como unidad viva, de nosotros como segmentos del todo. No son dioses literalmente; al menos no por lo que en occidente llamamos dioses. Son poetizaciones, representaciones de cosas que sí existen, una brillante poesía filosófica y religiosa que no se acaba nunca. Una maravilla. Mas esos arquetipos, tan puros, a veces parecen demasiado lejanos a la realidad cotidiana y vulgar que vivimos”.

El borracho le habló sobre años pasados:

“¿Sabes? De joven era muy popular. Tenía mi grupo, e íbamos a buscarnos chicas a las discotecas y a donde fuese. La verdad es que no éramos ninguna gran cosa; nos contentábamos con lo que cayese. Pero lo echo de menos”.

De repente, durante unos instantes, enmudeció. Sonrió. “Me acabo de dar cuenta de que este es el mejor día de mi vida”.

-“Es un clásico”, le contestó el camarero. !-“Me alegra saberlo”, contestó a su vez el borracho.

-“Bueno, felicidades con su nueva vida. Yo tengo que seguir aquí escuchando a borrachos”.

-“¿Usted no se emborracha nunca? Si lo hiciera no estaría aquí: Si no quiere ver mar, no se haga marinero”.

-“¿Y entonces de qué vivo?. No se confunda: no hay escapatoria. Lo verá más claro mañana”.

-“No”, dijo el borracho. “Mañana estaré en India. Me voy a vivir allí, aunque sea de vagabundo”.

-“Ya veremos”, contestó el camarero. “Pero intuyo que antes o después le veré de nuevo por aquí. Será usted bienvenido”.

-“En efecto, ya veremos”.

El borracho empezó a hablar con una chica sentada en la barra. La única que había.

-“Sabes, yo y mis amigos vamos a terminar la fiesta en mi casa; ¿te gustaría venir?”

-“¿Qué amigos?”

-“Era una broma… La cuestión es, ¿en tu casa o en la mía?

– “Mejor a la mía: No queremos despertar a tu mujer”, le contestó la chica.

Coquetearon más tiempo. Luego se levantaron, juntos, y salieron del bar.

-“Hasta mañana”, les dijo el camarero.

-“Hasta mañana”, se le escapó al borracho.

Bodhi Hamsa

Khajuraho horizontal

Litera

-María…
-¿Qué?
-¿Estás despierta?
-Sí…
-¿Quieres jugar?
-Ahora no… tengo sueño.
-Bueno. El viernes voy a invitar a Michaela a casa.
-Ah.
-Hoy, Juan me ha dado espárragos trigueros.
-¿Espárragos trigueros?
-Sí; salen en el colegio, cerca de la entrada; Juan me los da y yo los vendo.
-¿Y has vendido alguno?
-Ahh… ¿No decías que tenías sueño?
-Sí, pero ya no. ¿Has vendido alguno?
-Sí; hoy he vendido tres. Dos a una señora y uno a un señor.
-¿Y a cuánto los vendes?
-A cincuenta céntimos cada uno.
-Está bien…
-Sí. Pero el otro día le vendí uno al padre de Michaela a dos euros.
-¿Dos euros?

-Sí.

-Es mucho para un espárrago. ¿Crees que después se los comen?
-Supongo que sí

-¿Así, crudos, o los preparan?
-No lo sé; supongo que se los comen crudos…
-Dos euros no está nada mal… Le pediré a Juan que también me guarde unos para mí.

-No, que la idea es mía. Tú encuéntrate otra cosa.

-¿Qué otra cosa? No hay nada más…

-No sé… ¡Calla¡ ¡calla! Que he oído algo…

-Ya está… Qué pesados que son.
-Ya se te ha pasado lo de…
-Sí; a mí me da igual… Ya no voy a llorar nunca más por ellos. Encima de que me sabe mal que se peleen siempre, va papá y me pega porque sí…
-Porque te metiste en medio…

-Porque me sabía mal que se peleasen.

-Ya, pero…

-Bueno, a mí me da igual; nunca más me van a pegar y nunca más voy a escuchar sus gritos, y si se quieren matar el uno al otro también me da igual… Yo ya he intentado ayudarles… Mañana me escapo.
-¿A dónde?

-No lo sé. A casa de Patricia, seguramente, pero no se lo digas a nadie.

-No, no… no se lo voy a decir a nadie.
-Lo tengo decidido desde hace tiempo. No sabía si decírtelo, pero estoy más contenta si tú lo sabes.
-Bueno… ¿Y yo puedo escaparme contigo?
-Todavía no. No sé si hay sitio para ti en la casa de Patricia. Déjame ir a mí primero y después de un tiempo seguramente podrás venir tú también. Te llamaré a casa,
y esperaré hasta que contestes tú p!ara decirte que ya puedes venir.
-Vale…

Más adelante en el tiempo, María se escapó de casa. Llenó la bolsa que usaba para llevar el chándal los días de gimnasia en el colegio con pijama, pantalones, camisas, ropa interior, y un libro. En la portada del libro, un gran caballo negro elevaba sus patas delanteras frente a un sol redondo y rojo, y su crin salpicaba estrellas de luz. Salió esa misma noche de casa. El conserje del piso le preguntó a dónde salía a esas horas, y en camisón. Ella le miró, le sonrió, y él entendió. Le dijo que era muy valiente, que le deseaba lo mejor, y que esperaba verla pronto de nuevo. María cogió un taxi. Al llegar a casa de Patricia se dio cuenta de que no llevaba dinero. Le explicó la situación al taxista, que se había escapado de casa, y él la dejó salir y también le deseó suerte. De repente estaba delante de la puerta del piso de Patricia. Llamó a la puerta y Patricia le abrió. Una vez en la cocina, María explicó a Patricia, a su hermana pequeña y a sus padres que había tenido que escaparse de casa y que tenía que esconderse durante un tiempo, que en su casa no había más que gritos, que esa misma noche su padre la había pegado, que no podía aguantarlo más. Ellos lo entendieron y aceptaron esconderla por lo menos durante esa noche. Patricia, en camisón de color rosa, se le tiró encima y la abrazó. Las dos eran realmente felices. Lo que más esperaba, lo que más ilusión le iba a hacer, sería cuando el padre de Patricia dijera que ahora tendría que comprar comida para tres niñas. El padre de Patricia le mostró un armario con el suelo muy profundo, muy muy profundo, con escaleras; debajo de los abrigos colgados había unas escaleras que llevaban a un cuarto enmoquetado y en él, casas de muñecas y muñecas y libros. Cuando entre Patricia y su padre le arreglaron una cama, Patricia le sugirió de ir a su habitación a jugar. ¡Su habitación era enorme! Era realmente la habitación de una princesa.

Más adelante aún en el tiempo, María se despertó. Se preparó la bolsa de gimnasia con su camisón y un libro. Cogió algo de dinero.
Una vez en la puerta del colegio, junto a su hermana, se despidió de esta. Le emocionaba la idea que debía tener su hermana pequeña de ella en ese momento: de alguien que lucha por sus sueños y
que remueve lo material por hacerlos realidad. El portero de la casa de Patricia le dijo que Patricia y su hermanita no llegarían hasta la tarde, después del colegio.

María subió por ascensor hasta el rellano, delante de la casa de Patricia. Se quedó más de una hora delante de la puerta, antes de irse sin haber llamado al timbre. La luz era diferente a la de su sueño. La puerta era fríamente, violentamente, real.

Texto y Fotografía : Bodhi Hamsa

Fragmentos inéditos de 32 poemas de amor y 32 desnudos de otoño.

Otoño cultural en Madrid

Un puente o un simple fin de semana es una buena excusa para acercarse  a Madrid y visitar las distintas exposiciones temporales de este otoño, revisitar las colecciones permanentes de sus museos y aprovechar para tapear o comer castizamente. Desde cualquier lugar de la geografía española el Ave es el transporte más recomendable y su trazado centralista y radial, permite desplazamientos que no van más allá de las cuatro o cinco horas como máximo.

Una vez en la capital, el otoño es el tiempo ideal para sumergirse en sus museos y salir a tomarse unas copas por Malasaña,  los alrededores de la plaza Santa Ana o pegarse una comida como Dios manda.

Boucher-La-Chute-des-Corps

Esta temporada, lo más significativo son las dos exposiciones dedicadas al Surrealismo que se celebran en el Museo Thyssen y la Fundación Juan March.  La segunda se titula Surrealistas antes del surrealismo y  puede verse hasta el 12 de enero del 2014. Partiendo del Renacimiento muestra diversos pintores como Durero, Piranesi, Goya o Redon que se han aproximado al universo onírico del surrealismo. Es una buena muestra pero con obras de distinta calidad y contenidos generalistas que se contemplan con cierto desorden.

Odilon-Redon

En cambio la exposición de la Thyssen, llamada El Surrealismo y el sueño  vale mucho la pena, por la posibilidad de ver juntas obras importantes procedentes de distintos museos, de autores tan señalados como René Magritte, Ives Tanguy, Victor Brauner, Dalí y algún precursor como Odilon Redon. La muestra siguiendo la tendencia actual, no contempla ningún tipo de cronología sino que se esttructura  en ocho bloques temáticos (turbaciones irresistibles, paisajes de una tierra distinta, …) que buscan reflexionar sobre el Surrealismo y el sueño.

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La exposición cede el protagonismo a la pintura pero como es habitual en toda exposición surrealista se incluyen  cortometrajes como El perro andaluz (Buñuel, Dalí 1929) o Emak Bakia (Man Ray, 1925), y segmentos de alguna película como El manuscrito encontrado en Zaragoza (W.J. Has, 1965), La Edad de oro (Buñuel, 1930 )o el clásico sueño de Recuerda (Hitchcock, 1945), con algún plafón del decorado original o páginas del storyboard.

 

Personalmente lo que más me gustó de la exposición fueron algunos cuadros de Tanguy como La geometría de los sueños, uno de Masson llamado En la torre del sueño y la constante capacidad visual de Magritte  de quien ví obras que no conocía como El cabo de las tempestadesEl arte de la conversación. El conjunto de las obras es importante en número, proceden de distintos museos del mundo y traza una buena antología del sueño y el surrealismo, dos conceptos indisociables. Tal vez sólo echo en falta cierto atrevimiento en la puesta en escena de la exposición. Siendo ésta del Surrealismo se contaba con la opción de darle un aire disparatado, onírico, transgresor, a partir de una transformación de las salas donde se exhiben los cuadros pero la Thyssen es un fundación de corte conservador, impecable en su colecciones pero poco dada al riesgo.

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La cronología de una visita Madrid pasa por desayunar en lugar castizo. Si se va sobrado de presupuesto y se quiere ver a un dinosaurio antes de su extinción, el lugar es el Café Gijón, centro de la intelectualidad española desde los tiempos de la Generación del 98, con clientes ilustres como mi admirado Ramón Valle Inclán, entre muchos otros. Hoy el lugar se vé amenazado por el cambio del signo de los tiempos. A poco menos de quinientos metros, el Starbucks cercano al Hotel Avenida Palace, le ha robado protagonismo. El día que yo fui apenas había cuatro personas desayunando, algo que comprendí cuando llegó la factura servida en bandeja de plata por un camarero de riguroso uniforme blanco, con el total de siete euros por un croissant y un café con leche. Me acordé de la alcaldesa y su café con leche in de Plaza Mayor pero la verdad, yo todavía prefiero la decadente tradición de un desayuno en el Gijón.

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El visitante globalizado y acorde con el signo de los tiempos, puede ir al café Starbucks donde le cobraran casi lo mismo por llevarse uno mismo la taza a la mesa y le ofrecerán wi fi gratuita para seguir pegado a una pantalla digital noche y día. Además, en el interior de esta franquicia se sentirá igual que si estuviera en cualquier otro lugar del mundo. Y cuidado, con no quemarse el paladar que el café lo sirven a temperaturas del averno.

Circulo Bellas Artes

Para mí uno de los mejores  desayunos es el que ofrece el círculo de Bellas Artes que por unos seis euros  te sirven el café con leche, acompañado de huevos fritos con bacon y chorizo. El edificio es una joya de la arquitectura Art Deco de los años treinta, ubicado en la céntrica calle de Alcalà 42. Los salones del bar son muy bonitos y tienen grandes ventanales que dan al exterior. En la azotea hay una terraza desde la que contemplar toda la ciudad.

Ya con una buena base en el estómago me iría primero a ver la exposición de la Thyssen para seguir con el museo del Prado, donde recomiendo seleccionar lo que se va a ver porque sino se puede caer en el síndrome de Stendhal. Contemplar unos doce o quince cuadros me parece una medida bastante sensata, porque el arte no se consume como fast food.

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Mi ritual en el Prado es visitar de inicio las pinturas negras de Goya que inauguran la pintura de las vanguardias del siglo XX con cien años de antelación. Imágenes como el perro enterrado en la aren, El coloso o Las parcas son extrañas visiones oníricas pre-surrealistas y cuadros como Saturno devorando a sus hijos so el Aquelarre son puro Expresionismo. Por cierto, que nadie se asuste si al contemplar este último cuadro se encuentra con una invocación satánica consistente en un  bote con piel de serpiente y otros extraños mejunges.  Se trata de una exposición  temporal postmoderna llamada Historias Naturales, de Miguel Angel Blanco.

Siguiendo con Goya se deben visitar los cuadros de la revuelta del 2 de Mayo y los fusilamientos del 3 de Mayo que se exponen conjuntos, un ejemplo de cómo la pintura narra la história y del sentimiento Romántico como exaltación de una nación que se subleva ante las tropas del rey francés. Por último y no por menor importancia, no seria bueno marcharse sin ver alguno o todas esas obras maestras de Velázquez como Las hilanderas, Los borrachos o Las Meninas que como el buen cine, no se agotan nunca por muchas veces que uno los haya visto. Recomiendo insistir en los clásicos que visitar la exposición temporal llamada Velázquez y la familia de Felipe IV me pareció muy aburrida. Algo mejor es la otra llamada Roma en el bolsillo pero  para mantener la línea surrealista de este otoño madrileño yo acabaría la visita al Prado con El jardín de las delicias del Bosco.

Al salir, probablemente agotado, tomaría un taxi hasta la calle Cochabamba 13, para entregarme a los placeres de la comida asturiana tradicional del restaurante De la Riva, regentado por el inimitable Pepe de la Riba que es de aquellos que te recita la carta de un tirón, en un espectáculo de contundencia anti-nouvelle cousine. Perdiz a la cazadora,  revuelto de boletus, rabas, las clásicas pochas con almezas,  la merluza al pil pil… Y de postre cuajada para acabar con un buen digestivo que permita estirar las piernas. El día de mi visita, todo eran hombres hasta que finalmente, llegó una mujer que debía sentirse algo extraña. Comidas de empresarios, pulcros, engominados y de toda la vida. Gente del mundillo del espectáculo como Pepe Navarro y en las paredes una exposición temporal de bicicletas de colección, a la espera de la próxima que traerá obras de Fernando Alcolea al comedor del De la Riva, puro arte culinario y en el trato del cliente a la vieja y buena usanza.

Por la tarde, completando este tour cultural museístico de Madrid la visita ineludible es el Reina Sofia para contemplar buenos Dalí y Miró, además del Guernica, una obra que aunque rodeado de japonenes y guías parlantes conmueve inevitablemente. La sala donde se exhibe presenta fotografías de su larga historia en el exilio americano y sus tours por el mundo hasta que a principios de los ochenta y libres ya de toda dictadura esta obra maestra de Picasso pudo volver a España. Todavía recuerdo con emoción, cuando recién llegado el cuadro mi madre me llevó a verlo, contándome todo aquello que suponía. Era un soplo de aire, viento de libertad, acompañado de justicia histórica en forma de puro arte, la expresión del compromiso político de un artista que con este y otros cuadros se ganó la inmortalidad pero para quienes sufrieron  la dictadura el Guernica siempre será algo muy especial. En aquel entonces, yo tan sólo era un niño alucinado de las colas que había para ver el cuadro entonces expuesto en el Caserón del Buen Retiro.

En este momento el Reina Sofia tiene una buena exposición temporal dedicada a la fotografía documental de Chris Killip que merece la pena. Si todavía quedan ganas de ver más arte se puede finalizar el recorrido en la fundación Mapfre para ver la  exposición Fotografía, pintura y moda pero yo me reservaría algunas fuerzas para la noche madrileña y su inacabable oferta de bares de tapas, copas, pinchos, porciones y lo que uno quiera. En mi caso cuando estoy en Madrid me tira lo castizo, así que lo que ilustra la foto sería más o menos el lugar que visito. Más tarde, cuando se trata de copas más sofistidas me acerco hasta el Viva Madrid, cerca de la plaza Santa Ana.

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En cuanto al hotel, me habían recomendado el hotel de las letras pero por algo menos, apenas cien euros la habitación doble descubrí el hotel One Shot 23, ubicado en la calle del Prado 23, a apenas dos pasos de la Thyssen y el museo del Prado, también cercano al Reina Sofia. Lo recomiendo porque parece acabado  de estrenar y aunque no tiene servicio de bar, cuenta con habitaciones de diseño y duchas alucinantemente espaciosas. Alguno tal vez se sentirá incómodo de tanta modernidad pero no se asusten si ven que apretando el mando a distancia el espejo se convierte en televisor. Según como se mire se puede tomar como una extensión a la visita museística porque además de dormirse bastante tranquilo puedes sentirte como en una instalación de arte contemporáneo.

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No sé si Madrid será algún día olímpica pero sin sumarme a la fácil mofa de su alcaldesa, sí pienso que ésta erró al no considerar el potencial que Madrid tiene como capital artística y museística.

La ciudad es mucho más que copas y cafés con leche en la preciosa plaza Mayor. En lo que estoy totalmente de acuerdo, es en el carácter especial de su gente, muy abierta y con ese aire castizo mesetario. Madrid y sus exposiciones bien valen una visita cultural en otoño.

Alexis Racionero Ragué

 

Nota : La mayoría de exposciones que he citado pueden verse hasta principios de enero. Casi todas ellas aparecen escritas en distinto color y cursiva porque clicando encima contienen el enlace que lleva directo a la página del museo con toda la información.

 

Cuba, bajo el lento paso del sol

Aquellos que habéis estado alguna vez en Cuba durante los últimos…..10 no! ,  20…..no!….. 30 años!  si dais un salto al gran charco, sea en vuelo regular o en” Chárter Low Cost”,  y os plantáis en la perla del Caribe, podréis observar que el tiempo pasa lentamente en esta brillante y calurosa Isla, y las cosas han variado muy poquito.

Los cambios políticos de los últimos años han modificado levemente la realidad del Cubano, y nada en la percepción inicial de nuestras pupilas cuando nos adentramos en esa belleza extraña y exuberante que es esta tierra y sus gentes. Pequeños cambios que se nos acontecen insuficientes para las necesidades de esta tierra.

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Sin duda el Viajero que pisa por primera vez Cuba, quedará atónito con la intensidad de colores, en las ropas, en los coches, en la vegetación y en las propias personas. Las tonalidades de la piel del Cubano es infinita, como en todo lo demás; nunca sabes por donde te sorprenderá o por donde saldrá el sol, aunque eso del Sol es lo único seguro y que cada día pasa; el Sol sale, y a las 8 de la mañana ya aprieta de valiente.

Una intensa fragancia de diesel  requemado, acompañada del dulzor de la caña de azúcar, nos persigue solo pisar el Aeropuerto, y no nos dejará en todo el viaje, aunque su intensidad variará según la densidad de “Carros”  que nos envuelva.

Pero todo ello muchos de los lectores lo sabrán, pues es extraño conocer algún Viajero que no haya visitado esa paradisiaca isla caribeña, mezcla de sol, cultura y comunismo. Todo y con ello por diversas circunstancias, los Viajeros suelen repetir o incluso acompañar a los nuevos visitantes y recorrer aquellos lugares donde no estuvieron o vivir más intensamente en aquellos que ya conocieron;  por eso la pregunta del Cubano “ Cuantas veces vinieron” tiene un significado real.

La mezcla de sol y comunismo, parece un  antagonismo, des de una visión occidental del sol y la playa, pero esa mezcla ha convertido a Cuba en un país distinto a todos los demás y con unas singularidades culturales muy interesantes.  No seremos ostentosos y también hemos de recordar que la isla es un destino internacional del turismo sexual. Si! Lo es! Pero no solo para hombres cincuentones en busca de lindas curvas; los y las Cubanas se prestan sin muchos devaneos al juego del amor, pero en toda su inmensidad.  Así encontrar parejas enamoradas, momentáneas, por dinero, de diversión es normal; y extrañamente tanto el hombre como la mujer puede disfrutar del sol, el ron y una buena conversación acompañado de un o una Cubana de infinitos colores.

Si nos adentramos en la Isla y huimos un poco de los centros turísticos, encontraremos una Cuba rural. Los pueblos agrícolas que motean los vastos campos de caña, de tabaco o café, entre las espesas colinas y los serpenteantes ríos, siguen viviendo en el siglo XX.  Pero no en los modernos años de los hippies o las revoluciones tecnológicas, están anclados en unos apacibles y tranquilos años 20 o 30, donde la agricultura y todo de lo que ella se desprende rige la vida del lugar.

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Esa es la Cuba olvidada, tranquila, calurosa y real, donde el rojo de la tierra mojada y el azul claro del cielo dan cobijo a unas gentes sencillas y amables. Cuando andas por sus pueblos, por sus carreteras o entras en sus espacios, te sientes parte de una imagen de película olvidada; donde los perros vagan a sus anchas, las vacas pastan y cruzan el alquitrán sin problema y caballos y carro son los principales usuarios de todo ello.  Esta Cuba crece ajena a los cambios e imperturbable, nos ofrece una oportunidad única de vivir al ritmo de antaño.

Los cambios existen, sobretodo  en esa Cuba urbana o en aquella que vive del turismo. La Cuba Urbana, y  no tan solo la omnipresente capital,  es una extraña declaración de intenciones comunista y necesidades capitalistas. Si el sistema de producción “Stalinista”, tanto agrario e industrial se desmoronó a finales de los 80, Cuba ha querido mantener esa misma filosofía en los nuevos sectores económicos, como el turismo, los servicios y las nuevas tecnologías.  Resultando unas urbes eclécticas, entre “carros” anteriores al 59 y modernas motos eléctricas procedentes de China; “Paladares” con escasez de productos y “Casas Particulares” con una carta más amplia, refrescos nacionales copiando a los “Yankis” y los propios refrescos “Yankis” más caros al lado, “Mercados Agropecuarios” y Colmados donde se reparte el racionamiento e intentos modernos de comercios con ropa y producto capitalista. En fin, el paraíso para la economía sumergida, el trapicheo y la venda ilegal. Los cambios producen un desarrollo a medias que es latente en las Ciudades, donde obreros, camareros, ingenieros o cualquier Cubano se presta a las triquiñuelas de un sistema económico de doble moneda, y donde el dinero proviene del turismo.  Se gana más dinero haciendo una comida en casa, que dos semanas de sueldo de ingeniero.

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Pero esa mezcla, que lleva al Viajero a un constante descubrir i vivir situaciones nuevas e inesperadas;  a compartir con los Cubanos sus necesidades y sus artimañas para solventarlas, aunque uno mismo sea el blanco de tales artimañas, hace de esta isla un lugar especial.

Sus gentes por necesidad o por defecto, se muestran abiertos y con ganas de compartir espacios y conversaciones. Si uno viaja con el sistema de “Casas Particulares” puede llegar a conocer y vivir profundamente la realidad de la Isla y entender a los Cubanos.  Su hospitalidad y amistad no es una treta comercial, aunque sea en muchos casos su principal sustento; les gusta aprender y conocer al Viajero y que este se sienta parte del lugar.  Por suerte para el Viajero estos pequeños negocios familiares destinados al turismo crecen y mejoran día tras día, para ofrecer unos servicios que las empresa estatales son incapaces de atender, como ejemplo de cambio.

Si por el contrario buscamos  Hoteles y comodidades extras se encontrará con la parte más oscura de la Isla. Los complejos hoteleros y todo aquello destinado al turismo presenta serias carencias, se busca ofrecer lo mismo que sus competidoras Cancún o Punta Cana, al mismo precio y con muchos menos recursos. De manera que queda como si te estuvieran tomando el pelo, pues no encuentras cierto producto y luego te enteras que lo hay en el mercado negro…..de donde habrá salido?

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Viajar a Cuba no nos deja indiferentes, cada uno puede decidir qué tipo de viaje quiere hacer, y que quiere encontrar en él.  Pero como consejo propongo 5 cosas que todo el mundo habría que vivir en Cuba:

  • Rebozarse de arena blanca en cualquiera de las playas de la costa norte mientras disfrutas del color del mar y el cielo.
  • Perderse en las calles de Trinidad durante el atardecer.
  • Conducir por las infinitas rectas de la Isla.
  • Adentrarse en alguna de las selvas tropicales que llenan Cuba.
  • Dejarse seducir en un rincón con música y mojito en mano.

Por cierto Wifi?….Internet?…olvídense.  Allí para algunas cosas el tiempo pasa lento bajo un sol de justicia.

Texto y Fotografias Ferrán Serra

 

Viajeros de la Generación Beat

La Generación Beat, compuesta por Allen Ginsberg, William Burroughs y Jack Kerouac como protagonistas principales fue una pandilla de amigos con muchas ansias de vagar.

Jack  Kerouac fue quien inventó el viaje on the road a partir de su homónima novela publicada en 1957 basada en sus aventuras con el gran Neal Cassady a lo largo de la route 66. Los hechos que describe On the road sucedieron a finales de los cuarenta y desde entonces los miembros de la Generación Beat no dejaron de viajar, dejando atrás sus años de bohemia en el Greenwich Village neoyorkino.

William Burroughs que poco antes se había automutilado un dedo cuando le dejó su amante Jack Anderson, mató por error a su mujer Joan Anderson de un tiro en la cabeza, practicando, con poca fortuna, el juego de Guillermo Tell. Sucedió en algún lugar, después de numerosos viajes por Suramérica donde el más yonkie de los beatniks disfrutaba de lo lindo con la ayaguasca. De ese periodo surgen las Yage Letters que se escribió con Allen Ginsberg y que Lawrence Ferlingetti publicó para City Lights en 1966.

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Después del fatal incidente, Burroughs se dio a la fuga y se escondió en Tánger donde acabó escribiendo la delirante Naked Lunch. Sus amigos Kerouac y Ginsberg tuvieron que ir a rescatarle cuando el abuso de drogas casi acaba con su vida. En 1958 se estableció en París en lo que vino a llamarse el Beat Hotel y se hizo amigo de artistas como Brion Gysin que fue fundamental para consolidar su técnica narrativa de los cut ups basada en la espontaneidad. Ya con 52 años, a mitad de los sesenta se fue a vivir a Londres donde estuvo siete años, antes de volver a Nueva York.

Allen Ginsberg fue arrestado en 1949 cuando estudiando en la Columbia University se vió envuelto en el robo de un coche junto a otros beats como Herbert Hunckle y después de que se le apareciera en alucinaciones el poeta romántico William Blake acabó en el Instituto Psiquiátrico de la Columbia donde conoció a Carl Salomon quien le introdujo en el círculo literario. En 1955 cambió la historia de la literatura americana con la lectura de su poema Howl en la San Francisco Six Gallery (no se editaría hasta pasados largos juicios contra la censura hasta 1959).

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Al año siguiente murió su madre y ahí empezó su vida como viajero. Se embarcó en solitario al Ártico. Se fue a ver Burroughs en Tánger. De ahí, se fue a Italia y la cruzó entera. Hizo lo mismo con Francia, hasta que llegó a Inglaterra, en compañía de su pareja Peter Orlovsky. A finales de los cincuenta volvió puntualmente a San Francisco donde durante la década siguiente se convirtió en una de los mentores de la contracultura hippie pero ya nunca dejó de viajar. En aquellos años visitó India, Tailandia, Camboya, Vietnam, Rúsia y Checoslovaquia. Escribió obras de teatro como Oh Calcuta ! o libros de poemas como Airplane Dreams, antes de convertirse en discípulo del gurú Chögyam Trungpa.

Jack Kerouac fue un viajero de cercanías en comparación con los anteriores. Neal Cassady le enseño a viajar a mitad de la década de los años 40, cruzaron Estados Unidos y más tarde se fue con Burroughs  a Méjico DF. Cruzar la frontera suponía entrar en un mundo de diversión, juerga nocturna con sexo, drogas y alcohol. Allí escribió Dr. Sax, bajo los efectos de la marihuana pero pronto dejó de viajar, regresó a NY y a mitad de los cincuenta se encontró sólo ya que sus amigos estaban todos viajando por el Mundo.

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En la lectura de Howl, conoció al círculo de poetas de San Francisco quienes le introdujeron en el budismo. Gary Snyder le convenció para que pasara un verano en Desolation Peak, ejerciendo de guarda bosques controlando posibles incendios. Pasó casi cuatro meses en una cabaña y escribió Desolation Angels. La fama había devorado a Kerouac que ni con aquel periodo de meditación pudo salir de la depresión en la que había caído. Se recluyó en casa de su madre y debido al alcohol murió de cirrosis en 1968. El autor de uno de los libros más importantes de viajes fue el menos viajero pero tuvo la virtud de saber plasmar aquello que le transmitió Neal Cassady con su actitud vital.

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Por último acabaré hablando de los viajes de Gary Snyder, uno de los beatniks menos conocidos pero que esencial como figura de transición entre éstos y los hippies. Nacido al norte de Seattle y educado en Portland, a los 18 años realizó su primer viaje, cruzando el país desde esta ciudad hasta Nueva York, donde trabajó en los muelles para acabar enrolándose en un barco que le llevó hasta Sudamérica. Pasó un tiempo conociendo distintos países hasta que volvió a EEUU vía Los Ángeles desde donde subió toda la costa oeste para finalizar este largo viaje en su hogar materno de Portland. Durante unos años trabajó como guarda forestal en las montañas de la provincia de Oregon y en 1952 se trasladó a San Francisco donde conoció a Alan Watts, Kenneth Rexroth y Alen Ginsberg. Unos años después, publicó uno de sus mejores libros de poemas, Earth, House, Hold, siempre vinculados a la comunión con la naturaleza. Esto sentimiento le llevó a viajar a Japón donde residió nada menos que durante diez años, viviendo en distintos monasterios de la vertiente rinzai del budismo zen. Allí fundó su propio ashram en la isla de Suwamse.

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En 1967 regresó a California para participar en el histórico Golden Gate Park Be Inn,  el momento climático del movimiento hippie. Tal vez, cansado de tantos años fuera de su país decidió asentarse en unos terrenos vírgenes en Sierra Nevada, comprados a su amigo Ginsberg, donde hoy tiene su rancho y su zendo japonés.

El personaje de Japhy Ryder que protagoniza The Dharma Bums (Los vagabundos del Dharma, 1958) de Kerouac es Gary Snyder. Sin duda es mi novela obra favorita de toda la producción de la Generación Beat (en algún momento escribiré sobre ella porque aquí no me queda espacio para ello). Simplemente, puedo decir que Snyder con sus ansias de vagar, espíritu de aventura, libertad, veneración por la alta montaña e interés por la meditación zen, supone un modelo casi perfecto de esa América progresista, disidente y comprometida que existe en algunos lugares de la costa oeste. Hoy en día es un activista comprometido del bioregionalismo, además de gran poeta y leyenda viviente que ha tenido la suerte de no ser tan conocido como sus otros compañeros de generación.

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Su libro Passage Through India me llevó a rodar mi documental Rubbersoul, el viaje hippie a la India (disponible en www.filmin.es). En él  describe  los seis meses que pasó en India en 1952.

Gary Snyder fue el primer hippie y uno de los primeros viajeros modernos. Pienso que su filosofía de viaje es el punto de partida de eso que el sistema ha convertido en un negocio. Prometo no tardar en dedicarle una entrada en este blog.

Alexis Racionero Ragué

Sunset in Kep

Una puesta de sol puede ser un espectáculo que merezca por sí mismo un viaje a cualquier lugar remoto. En la mayoría de ocasiones se presenta sin esperarlo, aunque hay que buscarlo mediante una serie de circunstancias.

A mi me enseñaron mi madre y su esposo Jesús Moll, a quien ahora echo de menos en muchas puestas de sol por no estar ya entre nosotros. Con ellos viví de niño puestas de sol en Ullastret, entre ruinas íberas, viendo el paisaje limpio del Empordà y después, muchas otras en distintos lugares, aunque uno de nuestros sitios favoritos fue verlas sobre el mar en el cap de Cavalleria en la isla de Menorca.

En este caso, también voy ha hablar de una puesta del sol sobre el mar pero si uno busca la línea del horizonte al oeste, puede contemplarla sobre la ciudad, la llanura, el desierto o la montaña.

Lo importante en una puesta de sol es poder divisar lo que Josep Conrad llamaba “la línea de la sombra”, es decir el horizonte infinito en el margen inferior de nuestro espectro de visión, dejando un amplio espacio para el cielo que es donde va a suceder el espectáculo lumínico.

Para mí, la base del espectáculo sensorial que puede ser una puesta de sol se concentra en la luz y los sonidos, no tanto en el simple hecho de ver declinar el sol hasta desaparecer.

Muchos contemplan una puesta de sol hasta ese momento y se van, perdiéndose el momento más mágico que sucede cuando la bola solar ya no es visible pero sí sus rayos que irradian en intensas tonalidades rojizas, pasando por todos los matices posibles hasta llegar al morado y acabar en la oscuridad de la noche, donde los azules del cielo y el mar se unen en la penumbra.

No me extiendo porque pienso que una puesta de sol no se explica. Se vive, se encuentra y se siente.

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La secuencia de fotografías han sido tomadas en el pueblo de Kep, en la costa de Camboya a orillas del golfo de Siam, en el mar de la China. Exactamente en el emplazamiento del bar Kua Bang Chatt, junto el Kimly Lodge.

Un 19 de enero del 2013. En invierno aunque en el trópico no existan las estaciones sí que ayuda el no estar en el periodo premonzónico cuando el cielo deja de ser limpio y claro.

Utilizé una Leica X1 de objetivo fijo, el marit de 24mm.

A las fotos habría que sumar el sonido del silencio de las olas y el tímido azote del viento que aparece en el momento en que ya se ha puesto el sol.

Texto y Fotos : Alexis Racionero Ragué

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NY cinematográfico

Blanco y negro. Rascacielos. Un hombrecillo de inmensa humanidad espera pelándose de frío a que abandonen su apartamento… (El apartamento). Oscuridad. Humo. Un taxi se pierde como un ataúd con ruedas por una jungla de asfalto… (Taxi Driver). Color sepia. Un niño llamado Vito Corleone contempla la estatua de la libertad, a la espera de labrar su futuro… (El Padrino II).

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www.nilesfilmfiles.blogspot.com

La memoria fílmica de Nueva York forma parte de nuestro inconsciente colectivo y de la historia del siglo XX. Antihéroes, cowboys de medianoche, taxi drivers, monstruos, superhéroes, amantes, criminales y detectives han transitado sus calles en películas inolvidables como

El padrino, Érase una vez en América, Manhattan, Serpico, French Connection, Men in Black o Matrix. 

Nueva York ha llenado las pantallas con noches de jazz, bohemia y perdición (John Casavettes o Abel Ferrara); parejas en plena crisis existencial (Woody Allen); corrupción, atracos y conspiración (Sidney Lumet/Pollack); realismo y malas calles (Scorsese) o modernidad y bandas callejeras (Jim Jarmush o Spike Lee). La ciudad que nunca duerme ha inspirado todo tipo de visiones, expresándose como un universo personal e inabarcable que se despliega como un conglomerado de barrios que van mucho más allá de la isla de Manhattan.

Un tour cinematográfico por la ciudad puede partir de la joyería Tiffany’s (Fith Ave at 57th St.) al amanecer cuando la quinta avenida está desierta, emulando a la bella Audrey Hepburn al inicio de Desayuno con diamantes. Después, un café en el Russian Tea Room (150w 57th St. entre la 5ª y 6ª avenida), al que acudía la intrépida Tootsie o bien en el lujoso hotel Plaza (768 Fith Ave) donde han residido personajes extravagantes como Cocodrilo Dundee.

 A continuación, los fans del cine infantil pueden entrar en la inmensa juguetería F.A.O. Schwarz (767 5ª ave con la 58th Street) donde un imberbe Tom Hanks daba saltos en la colchoneta (Big). De ahí puede bajarse en taxi a Wall Street y visitar el parquet de la bolsa, tal y como aparece en la película de Oliver Stone o transitar por las calles de esta zona financiera donde trabaja el yuppie protagonista de La hoguera de las vanidades. Otra opción es desde la quinta avenida, seguir andando hasta Central Park, omnipresente en el cine y cuyos rincones recuerdan cada plano de la filmografía de Woody Allen. A primera hora de la mañana se llena gente haciendo footing como aquel marathon man que recorre el perímetro de la laguna de Reservoir hasta que unos nazis exiliados se cruzan en su camino. En ese mismo lugar, Alen Ginsberg y Peter Olovsky tocaban bongos y cantaban Hare Krishna, Hare, Hare… en el film independiente Chappaqua. Los prados de Central Park evocan el musical hippie Hair y su famoso número Aquarius. Sus museos, tanto el Metropolitan como el próximo Guggenheim han servido, repetidamente, como localizaciones cinematográficas, al igual que la pista de patinaje situada en el extremo sur  del parque donde Harry encontró a Sally.

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Antes de abandonar Central Park, debe visitarte el inquietante Dakota Building (1W 72nd St. con Central Park W) donde se rodó La Semilla del diablo. El edificio es como un viejo  castillo de cuento de hadas. En la misma calle, al oeste, en la intersección con Broadway se halla Sherman Square que para los adictos a la heroína fue Needle Park como constata la estremecedora y realista Panic in Needle Park con Al Pacino encarnando a Bobby, un joven enamoradizo que no puede descolgarse de la droga y lo pierde todo.

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Unas calles más abajo, en Merchant’s Gate (W 59St con Columbus Circle), Robert De Niro convertido en un mohicano taxi driver acudía a escuchar las mentiras de un senador en pleno miting. Desde aquí un taxi puede conducir hasta el Katz Delhi, en el centro del East Village (205E Houston Street con Ludlow). Ahí es donde Sally (Cuando Harry encontró a Sally) finge un orgasmo, en la secuencia más recordada de esta divertida comedia romántica. Los que quieran compartir mesa con parejas cultas, inmersas en crisis existenciales pueden ir a Elaine’s en el Upper East Side (1703 2nd ave, entre las calles E 88 y 89) donde van todos los personajes de Woody Allen.

Little Italy, a tiro de metro o taxi, es un buen lugar para merodear aunque el ambiente que se veía en Malas Calles ha desaparecido. Muchos miembros de la generación de directores compuesta por Scorsese, Cimino o De Palma se formaron en la New York University (NYU) que se encuentra en el corazón del Greenwich village, junto a Washington Square Park. La película Hi Mon! de Brian De Palma, rodada en estilo documental, refleja el ambiente de esta zona a finales de los sesenta en plena protesta estudiantil.

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Más abajo del village, antes de llegar al Soho, se pasa por Blecker Street donde Lili Taylor es mordida por un vampiro, en la inquietante The Adiction y subiendo por la calle Hudson, se llega hasta Perry street, en cuyo número 66 vive Carrie, la protagonista de Sexo en NY. Las series de televisión han sido otras de las formas de conocer esta ciudad que ha competido con San Francisco en la concentración de personajes ilustres. Kojak y Baretta son detectives puramente neoyorkinos y tanto House como los Soprano se dejan ver por la ciudad de vez en cuando. Las populares series Senfield o Friends también transcurren en Nueva York.

En la calle 23, entre la séptima y octava avenida, se encuentra el Hotel Chelsea, antiguo hogar de bohemios, músicos y maleantes como Dylan Thomas, Jack Kerouac o Patti Smith, en el que Warhol rodó Chelsea Girls. Aquí es donde Sid Vicious apuñaló a su novia Nancy o los Ramones se corrieron sus mayores juergas. Por la misma calle, al este, se llega a la esquina con la 5ª avenida donde está el emblemático Flatiron Building, uno de los primeros rascacielos de la ciudad que se reconoce por su forma de triángulo comprimido en el que Spiderman tiene la sede de su periódico.

Antes de que caiga la noche puede tomarse un taxi para recorrer barrios emblemáticos de la ciudad como el Bronx donde destaca la zona de Fordham en la que creció el protagonista de Una historia del Bronx. Se puede parar a tomar una copa de vino y una pizza en el restaurante Mario’s (2342 Arthur Ave entre las calles 184 y 186) donde el joven Michael Corleone (El Padrino) tuvo un tiroteo con la policía. En la zona sur del Bronx puede visitarse el County Court House (161 st) en el que fue procesado el yuppie de La hoguera de las vanidades. También resulta recomendable coger el tren número 4 que viaja elevado hasta el estadio de los Yankee’s, otro ilustre escenario de películas. Por último, en el norte, se halla el cementerio de Woodlawn al que el buscavidas Rizzo de El Cowboy de medianoche acude a poner flores. En él están las tumbas de Duke Ellington, Miles Davis o Herman Melville. De aquí otro taxi puede llevarnos a Brooklyn, cruzando su emblemático puente para visitar el estanco de Smoke y Blue in the face, en la esquina de séptima avenida y la calle 3. Los adictos al thriller deben revivir la famosa persecución de French Connection bajo la vía de tren elevada de Bensonhurst, y para los que les guste el musical las calles de Brooklyn pueden recordarles films como Fiebre del sábado noche o Fama.

 frenchconnection2thebestpictureproject.wordpress.com

Cenar en el River Café (1 Water St) bajo el puente de Brooklyn, resulta tan turístico como inolvidable por su vista sobre Manhattan. Los que tengan presupuestos más modestos pueden ir al Empire Dinner,  (210 10th Ave entre las calles W 22 y 23), un típico sitio de hamburguesas ubicado dentro de un vagón que sirve las 24 horas y te hace sentir dentro de una película.

Para acabar la jornada, nada mejor que las noches rojas de Harlem con sus infinitos locales de soul y jazz, como el emblemático Apollo (253W 125th St.) por el que han pasado Ella Fitzgerald, James Brown o Marvin Gay. En esta sala de espectáculos arranca la saga de Shaft y transcurre parte de Foxy Brown, dos de los héroes más representativos del blaxplotation, ese cine hecho en los setenta para la comunidad afro americana. Harlem fue también el hogar de Malcom X que trabajó como camarero en el Smalls Paradise, un bello edificio de ladrillo rojo en la parte sur de la calle 135.

Antiguamente, el barrio fue epicentro del tráfico de drogas como reflejan Serpico o la más reciente American Gangster. Hoy en día, Harlem ha sido remodelado, convirtiéndose en una de las zonas cotizadas.

 Nueva York es inacabable como ciudad cinematográfica puesto que su idilio con el séptimo arte se ha mantenido intacto desde que King Kong se subiera el Empire State, allá en los años treinta. Desde entonces, la lista de películas es infinita, por lo que lo más recomendable es que cada cual deje volar su memoria fílmica y disfrute de esta metrópolis que representa uno de los faros de la civilización occidental.

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www.adictamente.blogspot.com

Texto: Alexis Racionero Ragué

Artículo publicado en el número 58 de la revista Altaïr (nov/dic 2010)

Página recomendada

 www.newyorkinthemovies.com

 www.altair.es

 www.revistaaltair.com

www.altairblog.com

 

Filmografia citada

 

American Gangster (Scott, 2007)

 Big (Marshall, 1988)

 Blue in the face (Auster/Wang, 1995)

 Cocodrilo Dundee (Faiman, 1986)

 Cuando Harry encontró a Sally (Reiner, 1989)

 Cuando el destino nos alcance (Fleischer, 1973)

 Chappaqua  (Conrad Rooks, 1966)

 Chelsea Girls (Morrissey/Warhol, 1966)

 Desayuno con diamantes (Edwards, 1961)

 El apartamento (Wilder, 1960)

 El cowboy de medianoche (Schlesinger, 1969)

 El padrino II (Coppola, 1974)

 Érase una vez en América (Leone, 1984)

 Fama (Parker, 1980)

 Fiebre del sábado noche (Badham, 1977) 

 Foxy Brown (Hill, 1974)

 French Connection (Friedkin, 1971)

 Hair (Forman, 1979)

 Hi Mon! de Brian (De Palma, 1970)

 Kig Kong (Cooper/Schoedsack, 1933)

 La hoguera de las vanidades (De Palma, 1990)

 La Semilla del diablo (Polanski, 1968)

 Malas Calles (Scorsese, 1973)

 Matrix (Wachowski, 1999)

 Malcom X (Lee, 1992)

 Manhattan (Allen, 1979)

 Marathon Man (Schlesinger, 1976)

 Men in Black (Sonnenfeld, 1997)

 Serpico (Lumet, 1974)

 Shaft (Parks, 1971)

 Smoke (Wang, 1995)

 Spider-Man (Raimi, 2002)

 Syd & Nancy (Cox, 1986)

 Taxi driver (Scorsese, 1976)

 The Adiction (Ferrara, 1995)

 The panic in Needle Park (Schatzberg, 1971)

 Tootsie (Pollack, 1982)

 Una historia del Bronx (De Niro, 1993). 

 Wall Street (Stone, 1987)