Kriya para la glándula pituitaria

Kriya con grandes beneficios. 6º Chakra. Ajna.

La glándula pituitaria es “director de orquesta” del sistema endoncrino. Ubicada por detrás del “tercer ojo” del entrecejo.

Esta serie estimula el sexto chakra.

Intuición, percepción sutil y psíquica, comunicación no verbal.

Claridad. Sabiduría.

Control de los cinco sentidos y el cuerpo sutil.

Equilibra los chakras inferiores, por lo que es una buena puerta de entrada al yoga.

Nivel intermedio. En la primera asana de estiramiento de pierna, ésta puede tocar con la rodilla al suelo, si resulta muy exigente. En la postura séptima, la cobra hay que mantener siempre el coxis en el suelo, bajar los hombros y pegar los codos al cuerpo. Las manos no deben superar la altura de los hombros. En yoga mudra se debe poder meditar en una postura de relajación. La expiración ayudará a asentarse mejor sobre los talones.

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William Blake: del despertar de la imaginación a la Generación Beat

Post escrito para Pliego Suelto sobre la figura de William Blake, poeta, visionario y pintor que anticipó muchos conceptos de la Contracultura, abrió las puertas de la percepción, sembrando el camino de la psicodelia.

En una noche de 1948 se le apareció al beat, Allen Ginsberg, poco antes de que compusiera su famoso poema Howl.

Para leer más ver aquí.

Blake

Ken Kesey y Timothy Leary: el día del no encuentro de las dos ramas psicodélicas

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Post que escribí para PliegoSuelto sobre el divertido desencuentro entre las dos bandas de la psicodelia. La libertina de Ken Kesey y la culta de Tim Leary. Lo podeis leer completo pulsando aquí.

Taller: Thriller – cine, literatura, sèries de tv

Curso impartido en Ciutadella (Menorca) que comprime el formato trimestral que dí en la Casa Elizalde (Ayuntamiento Barcelona), anteriormente.

Aproximación al thriller desde sus orígenes y bases del cine negro, el cine suspense y la tradición de la novela negra y policiaca.

Acotación del thriller contemporáneo y sus bases clásicas para adentrarse en el estudio de series de televisión como True Detective y Homeland.

En las 4 sesiones de 2 horas los contenidos son los siguientes.

1 – Acotación del thriller. Bases literarias y cinematográficas. Estructuras narrativas básicas y arquetipos fundamentales.

2 – El modelo True Detective y la recuperación de esencias que proceden de El sueño eterno, Blade Runner o El silencio de los corderos.

3 – Thriller conspiración de los 70, corrupción, bajos fondos, intriga internacional y Homeland.

4 – Adaptaciones: de la novela a la pantalla. Extraños en un tren, Sherlock, A sangre fría, Mystic River, Perdida.

 

El total del curso son 8 horas, puede extenderse a 12 y se puede ofrecer en formato concentrado en dos jornadas intensivas de fin de semana.

Para  más detalles escribir a www.alexis.rubberman@gmail.com

Kriya campo magnético y centro corazón

Una de mis kriyas favoritas. 4 chakra. Anahata.

Todo lo que tiene que ver con compasión. Abrirse a los demás.

Comunicación del yo hacia el nosotros. Trascender el ego, ofrecerse a los demás.

Apertura, expansión y capacidad de volver a amar después de habernos cerrado debido a disgustos o ganas de protegernos.

Nivel intermedio, asequible. En 3a/4a asana es importante proteger rodillas y abrir bien pecho haciendo espacio en cuello antes de bajar la cabeza hacia atrás, algo que no se debe hacer si hay molestias en las cervicales.

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Muerte, Héroes y Ritos de paso en el cine contemporáneo

Viaje a Nepal, fragmento de El ansia de Vagar

Los Himalayas constituyen varios mundos que se encuentran en un reino de las alturas donde moran los dioses y las creencias más ancestrales. Allí conviven hinduismo, budismo e islamismo en un territorio que abarca bosques, frondosos valles, áridos altiplanos y cumbres por encima de los ocho mil metros.
Durante siglos ha sido la quimera de muchos viajeros que iban en busca de paraísos perdidos como el de Shambala, así como al encuentro de culturas milenarias y remotas.
Hoy en día, estas tierras comprendidas entre India, Pakistán, China, Nepal, Sikkim y Bután, sobre una longitud de más de dos mil kilómetros, han dejado de ser inaccesibles, pero no por ello han perdido el magnetismo que se desprende de sus religiones, costumbres y paisajes.El reino del Himalaya guarda los mejores tesoros del budismo tibetano, las esencias del hinduismo o el tantra y los secretos de los orígenes de la Tierra. No hay viajero que pue- da resistirse a sus encantos, aunque en ocasiones, y pese a la modernidad de los transportes actuales, sigue exigiendo buenas condiciones físicas.

NepalrodamosMi primer contacto con los Himalayas fue un viaje a Nepal que suponía el epílogo del rodaje del documental Rubbersoul. Recuerdo que tuvimos serios problemas en el aeropuerto de Benarés para coger aquel avión a Katmandú. De una parte, habíamos olvidado confirmar nuestros pasajes y, de otra, el país se encontraba en plena agitación por las protestas contra la monarquía dictatorial de aquel momento. Antes de tomar el avión sabíamos muy poco, tan solo que era probable que cerraran las fronteras. Se comentaba que el conflicto era debido a la guerrilla maoísta pero no era ver- dad. Las protestas provenían de los estudiantes y el resto de población civil que se manifestaba porque había elegido a un presidente en unas elecciones democráticas y la monarquía lo había sustituido por su candidato. Afortunadamente, durante nuestra estancia apenas hubo altercados.
Logramos volar a Nepal después de pasar hasta seis controles. Temimos que el equipo de filmación nos condenara a quedarnos en la India por ser considerados periodistas, pero hubo suerte. Pudimos subir a aquel avión que cruzaba los cielos de los Himalayas para descender en picado al valle de Nepal. La visión desde el avión era espectacular. Todo eran inmensas cordilleras nevadas con montañas que rondaban los siete mil metros. En un extremo se alzaba el Everest y al norte el Annapurna y el Manaslu, pero era difícil distinguir- los porque se confundían en un mar de hielo y nieve, lleno de cumbres que desafiaban al cielo. Entretanto se divisaba un lago y solo al final se empezó a ver algún valle con extensio- nes verdes. Hasta entonces, todo había sido roca, hielo y nieve.

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De haber tenido tiempo, me hubiera gustado entrar por la carretera que une la India y Nepal, pasando por el lago Pewa en Pokhara, o desde el norte, por la carretera de la amistad que une Nepal con el Tíbet, pero no era posible.
En comparación con la India, Nepal parecía un lugar tranquilo y bastante limpio, aunque el barrio de Thamel, donde ubican a todos los turistas o alpinistas que residen en Katmandú, no es representativo del resto de la ciudad. De hecho es un barrio Lonely Planet, pensado para las necesidades del backpacker occidental, con sus pensiones y bares que sirven desayuno continental y cervezas de importación. Está repleto de tiendas donde comprar artesanía, jerséis de lana, estatuas de bronce, tankas o material de alta montaña, y en todas ellas aceptan Visa.

NepalartesaniaLos restaurantes ofrecen comida internacional y platos tradicionales como los excelentes momos tibetanos, una especie de albóndigas de carne y verdura que se sirven fritos o hervidos en una sopa.

Por la noche hay bastante ambiente y recuerdo que celebramos el año nuevo nepalí de 2061, un día de mitad de abril de nuestro 2004, en una discoteca que concentraba por igual público local y extranjeros como nosotros. Ahí conocimos a unos argentinos que se hallaban de paso, a una pareja homosexual de Madrid que preparaba una película con Agustí Villaronga, o a Julia, una alemana que llevaba ocho meses recorriendo la zona. Los nepalíes que conocimos eran afables y solo los que estaban metidos en turismo resultaban algo agresivos.
Llegué a Nepal pensando que encontraría algún hippie perdido, pero al margen de los vestigios en forma de tiendas o viejas pensiones que estos ocuparon al final de los años sesenta, en la llamada Freak Street, no queda nada de ellos. En contrapartida, este país me mostró el primer ejemplo del talante de una sociedad rural y ancestral. Los nepalíes son gen- te de alta montaña con costumbres muy arraigadas y un fuerte sentido de la espiritualidad que se percibe en el día a día. En torno al 80 % de la población profesa el hinduismo y el resto se divide entre budismo e islamismo. Esto permite contemplar una innumerable cantidad de templos hinduistas, con una arquitectura muy distinta a los del sur de la India. En lo social, el politeísmo hinduista establece que haya distintos dioses para cada cosa y la importancia del cielo se percibe en que la astrología es muy venerada por los lugareños.

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En cuanto al carácter, los nepalíes son apacibles y buenos comerciantes. Durante muchos meses luce el sol y el paradisíaco entorno natural cala en su talante. Nadie pierde la calma, por tensa que pueda ser una situación. Este es un mundo antiguo, anclado en lo que fue la ruta comercial entre la India y el Tíbet.
Katmandú es un bello lugar, con una ciudad antigua preciosa en torno a Durbar Square, con el palacio real de Hanu- man Dhaka y los viejos templos en ladrillo rojo o madera, con fondos blancos y esos característicos techos apuntados de las pagodas que recuerdan la proximidad de China. El trabajo escultórico en bronce o tallas de madera es espectacular, así como la policromía de fachadas y puertas. Todos los edificios antiguos, tanto civiles como religiosos, son muy alegres y coloristas.

NepalcolorLa mayoría de ellos, como el templo de Maju Deval, de- dicado a Shiva, o el Trailokya Mohan Narayan, en honor a Vishnu, datan del siglo xvii. Algunos son anteriores, como el bello templo Talejui, que data de 1564, o la Kasthamandap, la gran casa de madera del siglo xii, que da nombre a la propia ciudad.
Una tradición entre muchos turistas y gente local es sen- tarse sobre las peanas escalonadas del templo Maju Deval, o alguno de los que se encuentran en la Durbar Square, a con- templar el discurrir de la vida en la plaza y las calles adyacentes, con sus puestos de fruta y verduras. Durante el día siempre hay mucha actividad, con rickshaws que vienen y van, yoguis merodeando o turistas tirando fotos sin parar.

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Resulta fácil quedarse hipnotizado contemplando la escena. Recuerdo observar una paloma que volaba por los tejados. Se posó sobre un árbol milenario y al bajar la mirada descubrí sus nudos increíbles que abrazaban una pequeña capilla natural que los locales llaman chaitya. En el interior había un lingam de Shiva, ese símbolo fálico en forma de piedra erecta que representa su potencia creadora. Fui hasta ahí, me senté en el suelo y medité un rato hasta que un baba que pedía dinero me despertó. Seguí andando hasta la vecina plaza de Basantapur donde está el palacio de la diosa viviente Kumari, que perderá su condición al llegar a la pubertad. El palacio, con una fachada blanca y bellas ventanas talladas en madera, tiene dos grandes leones de piedra custodiando su puerta. Entré hasta el atrio y me apoyé en una pequeña stupa a mirar el cielo resplandeciente. Me pareció ver a esa niña, de apenas siete años, asomarse a la ventana. Salió a respirar el aire puro de las montañas y a sentir la calidez del sol en su cara. Al final de este bonito paseo, me perdí entre los puestos de máscaras pintadas con seres monstruosos y divinidades procedentes del hinduismo y el budismo tibetano.

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En los días siguientes, filmé con mi equipo infinidad de templos sencillos, esparcidos por la ciudad vieja de Katmandú, siempre cubiertos de palomas, con una capilla central envuelta de hileras de ruedas de oración y un crematorio en la entrada.
En algunos enclaves puntuales, como al sur del barrio de Thamel, puede encontrarse alguna stupa budista como la Kathesimbhu, réplica de la magnífica Swayambhunath que se eleva sobre la ciudad, en una colina a la que se accede después de transitar por cientos de escalones. Ambos lugares son muy visitados por comunidades de peregrinos tibetanos. Nosotros subimos con ellos hasta la cima de este complejo religioso en el que la inmensa stupa de Swayambhunath se erige como un faro resplandeciente sobre todo el valle. Sobre la gran base circular blanca se eleva una pirámide en oro que apunta al cielo, con el tercer ojo pintado en cada costado para recordarnos que la iluminación está en el interior de cada uno de nosotros.

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Desde allá arriba, las vistas sobre el valle de Nepal son increíbles, con Katmandú a los pies y un mosaico de aldeas salpicadas entre arroyos y campos verdes. Desgraciadamente, cuando nosotros fuimos, la neblina cubría el cielo y no pudimos ver las grandes montañas que cierran el valle. Por este motivo, decidimos desplazarnos hasta la población de Nagarkot, donde nos prometieron ver el Everest, pero tam-poco hubo suerte.
A falta de paraísos naturales, y dado que no disponíamos de tiempo para llegar hasta el lago de Pokhara, volvimos a los templos y palacios. A menos de cuarenta kilómetros de Katmandú se ubican las ciudades monumentales de Patan y Bhaktapur, dos joyas arquitectónicas, consideradas Patrimonio histórico de la Humanidad. La primera fue fundada por el emperador indio Ashoka, quien unificó todo el subcontinente bajo la religión budista. Su urbanismo sigue la forma de la rueda de la fortuna del dharma chakra budista, con un perímetro circular y cuatro stupas en sus cuatro puntos cardinales. En ella hay unos mil doscientos monumentos budistas y lo mejor se concentra en la Durbar Square, con el templo de Krishna Medir, un precioso edificio de piedra que contiene numerosas esculturas con escenas del Mahabaratha. El Golden Temple posee bellas estatuas y pinturas murales del siglo xiv y el templo de Bhinsen muestra las mejores obras en bronce. En Patan se celebran numerosos festivales y es el lugar ideal para adquirir artesanía en piedra o bronce.

nepalbkataBhaktapur es la joya del valle de Katmandú; toda la ciudad está considerada Patrimonio de la Unesco, y vale por sí misma un viaje a Nepal. Esta fue la antigua capital durante el reino Malla, que finalizó en la segunda mitad del siglo xv. Como ciudad-estado fue lugar de paso de las caravanas comercia- les que iban de la India al Tíbet. Su visita supone un viaje en el tiempo, con una atmósfera mágica y ancestral que supera cualquier maravilla del mundo que haya visto, incluida la Ciudad Prohibida de Pekín. La arquitectura en forma de pa- godas apuntadas recuerda mucho a la de China o Japón pero posee una mezcla muy personal que combina temas y perso-najes que proceden de la India, con otros del Tíbet, en una confluencia de estilos propia de un crisol cultural. Bhaktapur es un lugar remoto que ha vivido pocas invasiones y ha permanecido inaccesible al turismo occidental hasta la mitad del siglo xx. Por ello se conserva casi intacto, solo alterado por algún terremoto leve, en un entorno completamente rural.
El templo de Nyatapola, con sus cinco pisos en forma de tejados apuntados, constituye una obra maestra por su simetría, equilibrio y armonía. Su construcción data de 1702 y se mantiene en perfecto estado, con una bonita escalinata para llegar a su primer nivel. Otra joya de este lugar es la estatua del rey Bhupatindra Malla o las escaleras flanqueadas por estatuas en piedra del templo de Mandir.
Bhaktapur, también llamada Bhadgaon, es un lugar para perderse por sus calles y adentrarse en un viaje en el tiempo, como si fuera una Venecia budista, en el corazón del reino del Himalaya.
Si se dispone de tiempo, hay que acercarse también al templo de Changu Narayun, sito en una colina a apenas tres kilómetros de Bhaktapur. Se trata de un antiguo templo hinduista en honor a Vishnu, el preservador del universo, que data originalmente del siglo v. Es un edificio pequeño, de planta cuadrada con una doble pagoda que cierra la cubierta, con una fachada policromada de la que descienden distintas deidades tántricas. En el interior conserva una estatua de Garuda, el dios, mitad hombre mitad águila, de la mitología budista e hinduista.

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Como amante del arte y el budismo, me hubiera gustado poder pasar unos días en Bhaktapur, un lugar en el que te sientes transportado a otra época, si se visita en los meses en los que el turismo de masas no aparece para tratarla como si fuera un parque temático. Sin embargo, mi equipo agradeció dejar de filmar piedras, estatuas y templos.
En los últimos días en Katmandú descansamos en nuestro hotel, el Encounter Nepal, al norte de Thamel, en la zona de Paknajol. Se trata de un lugar bastante sencillo con habitaciones por unos veinte dólares, con un agradable jardín. Todas las tardes sonaba una musiquilla con címbalos y timbres de campanas que resultaba muy relajante. Tumbados en ha- macas leíamos, conversábamos y escribíamos nuestros dia- rios mientras tomábamos ese energético té con miel y jengi- bre. Sergi y Ferran estaban bastante interesados en seguir los disturbios que surgían puntualmente por las calles de la ciu- dad. Yo me mostraba más escéptico porque estaba exhausto del rodaje del documental que había empezado en la India y nos había llevado hasta Nepal. Además, no quería complicaciones porque empezaba a tener ganas de regresar a casa.

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Vivimos dos manifestaciones bastante próximas al entorno de nuestro hotel que transcurrieron con relativa normalidad, aunque al llegar hasta el Palacio Real empezamos a ver barricadas y numerosos militares que parecían a punto de intervenir, así que nos volvimos para el barrio de Thamel, donde cada día aumentaba el número de soldados o policías patrullando. Por fortuna, no hubo cargas policiales pero se veía a la gente bastante hastiada con su situación. Pese a la tensión, Katmandú seguía mostrándose como un lugar apacible, en el centro de un valle de ensueño.
La economía de Nepal depende, en gran parte, de la entra- da de dinero del turismo y el régimen presionaba para acabar con unas protestas que podían obligar a cerrar la frontera. Curiosamente, nosotros estuvimos a punto de quedarnos bloqueados en el país, porque de nuevo habíamos olvidado de reconfirmar nuestro vuelo y nos decían que el siguiente avión disponible salía cuatro días más tarde. De ser así, per- díamos el enlace en Delhi para volver a Barcelona.
Al final, tras unos instantes bastante dramáticos, la situación se solucionó y pudimos meternos en la cola de un avión que botaba como una montaña rusa. Agotado pero radiante de felicidad por todo lo vivido, me dormí contemplando las cumbres. Soñé que algún día volvería…

Pags 124 a 131 del cap 6, Los Himalayas, de El ansia de Vagar, Ed RBA, Bcn, 2013. Alexis y Luis Racionero.

Lágrimas por Nepal

Tuve la suerte de conocer Nepal en el año 2004 y nunca pensé que vería algo que iba a desaparecer. Por fortuna pude escribir sobre las maravillas de Bhaktapur, Patan y Katmandú en el libro El ansia de vagar en parte de un capítulo que voy a colgar de forma pública en breve. Pienso que es lo mínimo que puedo hacer, además de colgar este breve post con algunas de las fotos que realicé en aquel viaje.

nepaltemploLa noche del 25 abril estaba de celebración con unos amigos y poco podía pensar que mientras tanto se estaba viniendo abajo uno de los lugares de la Tierra que más me han impresionado junto al Tíbet o Birmania. Días antes, el anillo de plata que llevo como compromiso de aquel viaje a Nepal que me ayudó a superar momentos difíciles, se agrietó. Lo había comprado en Katmandú y no me lo quito desde entonces. Pensé que lo iba a reparar pero después del terremoto lo seguiré llevando con esta herida simbólica grabada en él.

nennepalNada puede compararse a las más de cinco mil vidas perdidas que pueden ser más en los próximos días, ni en el desconsuelo de sus familias y población entera pero lo que desde aquí jamás podremos comprender es la serenidad y elegancia de una gente sencilla y noble en el más alto sentido de la palabra. Un pueblo de las montañas criados en las bases del budismo más ancestral que les ha inculcado el no exigir, no quejarse, no pedir nada a cambio, tratando de adaptarse a lo que sucede.

 

Es injusto que la tierra se cebe contra un país pobre como Nepal que se estaba recuperando de una monarquía absolutista, de un secuestro democrático y que vivía del campo, cuyas pérdidas son también terribles, y del turismo.

nepalcalleLa bellísima Bhaktapur, patrimonio de la Humanidad, como gran parte de Patán, otra de los tesoros medievales del entorno de Katmandú han quedado prácticamente arrasadas. Se habla de la destrucción de unos cuatro templos por cada cinco.

nepaltalla Muchos eran construcciones de madera con tallas coloreadas de dioses del hinduismo, escenas tántricas o demonios y animales protectores. La inventiva de su sentido escultórico. la alegría en el uso del color, la sonrisa en los rostros en un arte que fusionaba un crisol de religiones y creencias, era fruto de esa naturaleza propia del Nepal de ser punto de encuentro o lugar de paso, en la alta montaña, entre la India y la China, como demuestran también sus edificaciones con tejados apuntados al estilo chino y fachadas con ornamentaciones y colores propios del arte hindú. En pocos lugares he visto una policromia tan desbordante, colorista y animada. Un arte que expresa el espíritu de su gente y su cultura milenaria.

nepaltemplovvDurbhar Square es la imagen de Katmandú, donde recuerdo en especial una pequeña capilla o chaitya como le llaman los nepalís, incrustada en la raíces de un árbol que se elevaba esbelto al cielo. El templo de Maju Deval, dedicado a Shiva o el de Mohan Nayan en honor a Vishnu.

A Bhaktapur la recuerdo como un conjunto superior a la Ciudad Prohibida de Pekín. Una ciudad estado, antigua capital del reino Malla nepalí del siglo XV, lugar de paso de las caravanas que iban de la India al Tíbet. Hasta ahora sólo había sido invadida por el turismo y era una joya absoluta hasta el devastador terremoto de hace unos días. Su obra maestra era el templo de Nyatapola de cinco pisos en forma de tejados apuntados, construida en el 1702.

Recuerdo perderme por Patan, después de la visita a Bhaktapur y sentirme abrumado por la calidad artística de ambas  ciudades pero hoy lo que me viene además de las joyas artísticas son las caras de la gente, algunos de los cuales pude fotografiar con mi cámara, y pienso qué habrá sido de ellos?

nensnepalAquí buscaremos explicaciones y culpas, pensaremos en como sentirnos mejor. Enviaremos ayuda, dinero y todo lo que forma parte de nuestra cultura pero los nepalís el mayor tesoro que poseen es su cultura propia, su forma de ser, esa que tal vez podemos ver idealizada desde aquí pero que les enseña que vivimos en la eternidad, en el ciclo de samsara, en el que morimos para reencarnarnos, buscando algún día encontrar nuestra liberación.

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Que el eterno sol ilumine a todos los que han perdido la vida, que el amor los rodee y la luz pura interior guie su camino.

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Respecto al patrimonio perdido, algo se podrá reconstruir pero la tierra se ha llevado un tesoro que ya sólo podremos narrar, algo que no debe dejar de existir en nuestro imaginario para tal vez algún día ser capaces de construir maravillas como aquellas.

 

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Alexis Racionero Ragué

Una ruta por Florencia recorriendo arte y Renacimiento

Millones de turistas visitan al año la ciudad toscana de Florencia por su gran patrimonio artístico y cultural. Para que todo salga bien y nos de tiempo a verlo todo es necesario planificar desde el principio nuestro viaje, y organizar una ruta que nos permita disfrutar de las maravillas renacentistas que ofrece la ciudad.

Respecto al alojamiento no hay mucho problema, se suele decir que Florencia es cara pero reservando con algo de antelación es fácil encontrar buenas opciones. Si decidís hacer vuestra reserva online páginas como venere.com tienen un listado de todos los tipos de estancias para que elijáis la que más os convenga. La ciudad no es muy grande por lo que podremos descubrirla tranquilamente para dejarnos envolver por su esencia.

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Dispone de varias líneas de autobús para desplazarse cómodamente. Se desaconseja el coche ya que Florencia tiene muchas zonas de tráfico limitado por lo que si queréis ahorraros las grandes tarifas de los parkings lo mejor es llegar con el tren y moverse con el transporte público.

Las maravillas que contiene Florencia son incontables. Destaca la perfección del Duomo, con su cubierta de mármol verde y blanco, la armonía del Baptisterio, todo ello coronado por la famosa cúpula de Brunelleschi, paradigma de la perfección alcanzada por el arte florentino en el Renacimiento.

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La Piazza della Signoria, famosa por ser el polo político y administrativo de la urbe desde el Medievo, impresiona por su grandiosidad y por su conjunto escultórico, con una copia del David de Miguel Ángel (el original está en la Galería de la Academia de Florencia). La Galleria de los Uffizi, una de las pinacotecas más famosas del mundo, alberga una infinidad de obras pictóricas y escultóricas de artistas como Giotto, Donatello o Boticelli.

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La magia de la ciudad está también en sus calles: el ambiente único del Ponte Vecchio, los jardines de Palazzo Pitti y un sinfín de rincones especiales que nos transportan al encanto de una ciudad de ensueño, meta durante siglos de casi todos los literatos y artistas europeos.

Una gastronomía tan rica y famosa como la toscana os espera en los restaurantes que pueblan la ciudad, una ocasión única para probar los excelentes platos italianos regados por un buen Chianti.
Texto : Claudia Ortiz

 

Ruta por Vietnam

Pocos destinos tienen una ruta tan marcada como sucede en Vietnam. Son muy pocos viajeros los que vienen a este país y no lo recorren longitudinalmente en toda su estrecha extensión.

Para ello se precisa al menos de unos veinte días pero lo recomendable es hacerlo en un mes y si es posible evitando la canícula de junio a septiembre pues en Vietnam la elevada humedad provoca que temperaturas de treinta y tantos asemejen más de cuarenta grados.

No es preciso estar en gran forma pero si dispuesto a trotar y tener tutes importantes durante la ruta, dado que la mayoría de carreteras de Vietnam están en bastante mal estado o en construcción.

Por las montañas un recorrido de apenas 40km puede durar dos horas y en el llano, lo más común en el país, la carretera se ensancha y el trazado es recto pero hay que sortear todo tipo de obstáculos. Normalmente no se permite conducir vehículos al turista, más allá de una moto que tanto en Hanoi como Ho Chi Minh puede ser toda una aventura. El tráfico en estas ciudades es un avispero de más de tres millones de motos.

Lo mejor es recorrer Vietnam mediante el llamado tren de la reunificación pero no siempre es posible, así que hay que estar preparados para sufrir largos tramos en autobús o bien coger algún avión interno.

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Mi consejo es visitar Vietnam de norte a sur, entrando por el aeropuerto de la ciudad de Hanoi, la antigua capital del vietcong comunista y que tiene una esencia de ciudad atrasada con mercados llenos de artesanos y un curioso ambiente en sus calles más apacibles que la frenética metrópolis en que se ha convertido Ho Chi Minh, la antigua Saigón.

Todo Hanoi se articula en torno al lago Hoan Kien y no hay nada obligado a visitar excepto el templo de la literatura y tal vez el mausoleo de Ho Chi Minh, pero es muy recomendable perderse por sus calles, dejándose impregnar de sus esencias, sus cafés y excelente gastronomía.

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De Hanoi hay dos recorridos de ida y vuelta, con una o dos noches en el lugar a visitar. La primera es la imprescindible y turista Bahía de Halong. Un paraíso de islotes salpicados en el mar de China. La otra es una excursión a los Alpes Tonkineses del norte, con sus terrazas de campos de arroz y plantaciones de té, café, mango o yuca. Desde Sapa donde se hace noche, salen distintos trekkings que permiten conocer tribus locales como los dao o los hnomg.

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La bahía de Halong está a 165km de Hanoi y debe irse por carretera en unas tres horas. Para llegar a Sapa se coge el tren hasta Lao Cai y de ahí un autobús remonta 38km de montaña en un par de horas. La duración total del viaje ronda las siete horas.

Ya de regreso a Hanoi, se desciende hasta Hue, la antigua ciudad imperial que fue capital de Vietnam durante la dinastía Nguyen entre el 1802-1945 donde se visita el antiguo palacio amurallado que es patrimonio universal de la Unesco y donde se han filmado diversas películas como Indochina (Wargnier, 1991).
Al margen de la ciudad imperial, el resto de Hue no tiene excesivo interés por lo que no conviene dedicarle más de dos días.

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Siguiendo la ruta hacia el sur, se llega después de recorrer unos 110km que pueden hacerse en autobús la ciudad de Danang que se ha convertido recientemente en el centro neurálgico de comunicaciones del centro de Vietnam con vuelos al norte o al sur, además de a distintos destinos próximos como Angkhor Wat, Laos o Thailandia.

La ciudad de Danang tiene el interés de ser poco turística y de tener uno de los mejores museos de escultura cham (antigua civilización vietnamita de clara influencia hinduista y budista) del país, así como unas colinas llenas de cuevas sagradas con criptas budistas. Les llaman las montañas de sal.

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Desde Danang es obligado dedicar unos días a visitar la cercana Hoi An (a 25 km), posiblemente la localidad mejor conservada del país, con un trazado de calles peatonales de aire colonial y un ambiente muy tranquilo si el turismo de masas no lo impide. A pocos kilómetros del pueblo hay playas paradísiacas a tiro de bicicleta.

En general desde Danang, la costa vietnamita ofrece una línea inacabable de playas magníficas, de esas con arena blanca, palmeras y aguas tropicales.

La mayoría caen en el paraíso vacacional de Nha Tranh que aunque tiene aberraciones urbanísticas del tipo Marbella o Lloret de Mar, posee una playa impresionante, arropada por islotes que la protegen y colinas que la abrazan.
En ella desemboca el río Cai y a pocos kilómetros al interior, siguiendo su curso se encuentran los templos cham de Po Nagar que datan del siglo VII y XII en cuyas pagodas todavía se rinde culto.

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La ciudad también es conocida por el gran Buda blanco erigido en el paseo marítimo como memorial de las víctimas que se inmolaron prendiéndose fuego en 1963 para protestar contra la represión del régimen vietnamita al culto budista.

Dado que Nha Trang está a más de 500km de Danang es conveniente bajar en tren o avión.

Por último de camino a Ho Chi Minh que queda a unos 400km puede tomarse un autobús desde Nha Trang para visitar la antigua estación de montaña francesa de Dalat. Una pequeña ciudad colonial bien conservada a 1.500 metros de altura, rodeada de montañas, cascadas y lagos. El clima siempre se mantiene entre los 10 y 20 grados, motivo por el cual los franceses venían aquí a pasar el verano.

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Finalmente, la ruta de Vietnam concluye en Ho Chi Minh, ciudad que puede recordar a Bangkok por su bullicio y perversión pero sin el encanto de los viejos templos o barrios viejos. La ciudad tan sólo conserva vestigios del pasado en el barrio de las embajadas pero en cambio ofrece dosis de diversión en discotecas y meat marquets (como les llaman los vietnamitas) con nombres como Apocalypse Now.
El espectáculo de las motos, pese a la polución es otro de sus alicientes, así como sus restaurantes y puestos de comida en la calle.

Desde Ho Chi Mingh, quienes todavía dispongan de tiempo pueden bajar a la población de My Tho en el delta del Mekong, situada a 70 km al sur de la capital. Este es el puerto de entrada al delta y desde donde poder subir a una embarcación y visitar la vida de las pequeñas aldeas de este famoso río de inmenso cauce.

La ruta por Vietnam no decepciona y apasionará a aquellos que os guste el viaje on the road y acumular millas a vuestras espaldas. Es el viaje ideal para backpackers que van encontrándose a lo largo de la ruta, en distintos puntos y de manera fortuita por lo que se ha acaban creando amistades, a partir del ansia por compartir las experiencias que suscita Vietnam, un lugar que despierta tus sentidos y tu parte vitalista.

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Son muchos los contrastes, recuerdos, aromas, colores y sensaciones que uno carga en la mochila cuando regresa.

Texto y Fotografías : Alexis Racionero Ragué