Escuchar las armonías de la naturaleza

Leccions de cine – Texto de Alexis Racionero Ragué

Vanguardia Magazine 25/02/2018

Sintonizar con la naturaleza nos templa, apacigua y relaja. Hemos olvidado cómo escucharla, cómo sentirla. Podemos practicar baños de bosque, en silencio, con meditaciones guiadas o en soledad. No es cuestión de interpretarla o explicarla sino de percibir el latido de su corazón. La naturaleza es la fuente original de la que procedemos. La madre Tierra que culturas primitivas chamánicas o animistas veneraban. Doctrinas posteriores como el taoísmo chino también se basan en la comunión con la naturaleza. El sabio Raimon Panikkar hablaba de ecosofía como la sabiduría de la Tierra. Si entramos en sintonía con ella, seremos felices, decía.

El sol y la luna poco antes de una tormenta de arena

DERSU UZALA | AKIRA KUROSAWA | 1975

Akira Kurosawa sufrió una grave depresión que le llevó a un intento de suicidio en 1971. Con el rodaje de esta película, a lo largo de tres años en la taiga rusa, pudo curarse, gracias al contacto con los bosques y los parajes donde rodó. Dersu es un viejo cazador mongol que guía y salva a unos soldados que cartografían el territorio. Arseniev, su capitán, queda fascinado por la sabiduría del nómada cazador, cuestionándose su propio cientifismo. Entre ellos nace una bonita amistad. Los soldados preguntan a Dersu qué es el sol, y este les responde: “El sol es nuestro padre, pero a veces nos portamos mal, y llora, provocando la lluvia”. El animismo propio de distintas tribus de Siberia otorga alma o conciencia propia a todos los seres o fenómenos de la naturaleza. 

“El fuego es gente”

En una secuencia de la película, en un encuadre horizontal, rodado en 70 mm, Dersu y el capitán contemplan el Sol ponerse en un extremo, mientras la Luna emerge en el otro costado. El paisaje es desolado y casi lunar. Dersu repite: “El Sol es gente importante, y la Luna también lo es”. Poco después, en mitad de la noche, Dersu junto al río escucha el grito del fuego crepitando, que desprende un halo casi mágico. El cazador bebe en solitario y canta feliz. Al final de cada estrofa, añade un aullido, y la lechuza le contesta. Arseniev lo contempla maravillado. 
Dersu habla con el bosque, sabe cuando parará la lluvia porque los pájaros han vuelto a cantar. Su sabiduría primitiva y ancestral parece vencer a la científica cartografía. Gracias a ella, el maestro Kurosawa sanó.

Podeis consultar también el link del Magazine de la Vanguardia

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